15 de diciembre de 2013

Por la puerta de atrás

Esta semana el tema más abordado (al menos en redes sociales) fue la aprobación de la Reforma ninguno prosperó).
Energética. Dicha aprobación tuvo lugar en “lo oscurito”, con dos discusiones nocturnas, primero una con los senadores y la siguiente con los diputados. Ésta última tuvo lugar justamente la noche y madrugada entre el 11 y el 12 de diciembre, cuando muchos mexicanos se encontraban festejando a la Virgen de Guadalupe, cosa que fue tomada como una estrategia pensada justo de esa forma, para evitar que la gente estuviera al pendiente de lo que estaba sucediendo a medianoche y gran parte de la madrugada (yo me dormí a las 4.30 a.m. y seguían desfilando diputados y diputadas de los partidos de izquierda, que fueron los únicos que votaron en contra, intentando que se aceptaran ciertas reservas sobre lo aprobado, y
Otra crítica que recibió esta discusión, fue el hecho de que al día siguiente, el jueves, se jugaría el partido de ida de la final del futbol mexicano entre América y León, lo cual fue tomado como un distractor más que evitaría que la gente pusiera atención a la actuación de los legisladores. Teorías van y vienen, mientras tanto, la reforma ya fue aprobada, sin que aparentemente pudiéramos hacer mucho para evitarlo, así hubiéramos estado pendientes de la discusión a través del Canal del Congreso. Simple y sencillamente la aplanadora del PRI-PAN con ayuda del PANAL y el Verde Ecologista arrasó con cualquier posibilidad de oponerse o, por lo menos, de generar debate sobre el tema.
El siguiente paso fue la aprobación en los congresos locales y, fieles a su costumbre, los legisladores queretanos quisieron ser los primero en aprobar la Reforma en el ámbito local. No lo lograron, les ganó Chiapas, pero durante el proceso de aprobación un grupo de ciudadanos inconformes se plantó en las instalaciones de la legislatura, cuya entrada principal está en 5 de Mayo, para manifestarse en contra y pedir que se echara para atrás el proceso. Por supuesto, se les contuvo, pero se rehusaron a moverse y esperaban la salida de los diputados para, por lo menos, ser vistos por ellos y manifestarles su inconformidad, pero no contaban con que éstos huirían, comportándose como delincuentes, buscando escape por la nada elegante puerta de atrás.
Pero, en su huida, se dieron cuenta que esa puerta, parte de un edificio histórico y patrimonio cultural de la humanidad, como todos los edificios que se encuentran en el centro, estaba empotrada y con candado, ante lo que, sin considerar nada más que su necesidad de escapar, rompieron la puerta así como así, con ayuda de elementos de la Policía Estatal, para poder salir sin tener que enfrentarse a los ciudadanos que pedían verlos cara a cara. Vaya simbolismo el de esta acción: el pueblo se organiza y se manifiesta, así que a puerta cerrada los legisladores hacen su voluntad sin debate ni discusión (la aprobación no tomó más de 40 minutos) y después, para evitar dar la cara a sus representados, salen con la cola entre las patas por la puerta de atrás. ¿Qué nos dice esto sobre su calidad moral? Como dicen por ahí: es pregunta.
Y como esa, quedan muchas preguntas en el aire: ¿qué habría pasado si los que hubieran roto esa puerta fueran ciudadanos? ¿Se les habría dejado ir tranquilamente, como pasó con los diputados? ¿Quién dio la instrucción de romper la cerradura? ¿Y quién autorizó que así se hiciera? ¿Se les considerará “vándalos” a los policías y legisladores que participaron? ¿El INAH sancionará a la legislatura? ¿Qué argumento sostendrán los diputados para justificar su acción? ¿Les vamos a creer? Y, lo más importante, ¿con qué cara nos van a hacer frente ahora a los ciudadanos? ¿Se ha vuelto tan vergonzoso ser diputado? Qué pena y qué lástima que ellos mismos no se respeten.

Hasta ahí dejo el comentario sobre el trabajo legislativo, pero quiero hacer una última mención sobre todo el “reconocimiento” que se le ha dado al diputado federal Ricardo Anaya (y muchos aquí lo destacan por el simple hecho de ser queretano, qué bodrio), por la forma en la que condujo la sesión en la que fue aprobada la Reforma (misma que duró 20 horas). Yo lo único que vi fue a un hombre que cínicamente se dedicó a reírse de sus compañeros diputados, que no pudo impedir que un diputado se desnudara en la tribuna, que no hizo nada cuando a otros diputados les gritaban “mucha ropa, mucha ropa” y que más que presidente de la Cámara parecía presentador de circo, porque no fue más que eso, un circo, una simulación, en la que su sonrisa cínica solo nos dio el mensaje: “no importa lo que aquí pase, este arroz ya está cocido desde hace mucho”. Insisto, vergonzoso. 

Publicado en El Mosquito el 15 de diciembre de 2013
Imagen: tomada de El Mosquito

10 de diciembre de 2013

Malabarismos

Es un completo cliché, pero en serio esto pasa solo en México: Vivimos en un estado donde, por un lado, los mismos legisladores se jactan de aprobar una ley que prohíbe los espectáculos circenses con animales y, por el otro lado, exaltan la fiesta brava elevándola a nivel de “patrimonio”. Simple y sencillamente no hay congruencia.
Apenas en diciembre del año pasado se publicó en el número 77 del periódico oficial La Sombra de Arteaga el decreto en el que se determina que la fiesta brava es “patrimonio cultural inmaterial del estado”. En dicha publicación se justifica la decisión argumentando que refleja la “identidad cultural y social” de los queretanos. Incluso se estableció el tercer fin de semana del mes de mayo, para la celebración de un festival para conmemorar esta “tradición”.
A casi un año de la aprobación de dicho decreto, ahora los diputados locales se promovieron con bombo y platillos por ser los primeros en aprobar una modificación a la Ley de Protección Animal que impida la presentación de espectáculos de circo en los que se presenten animales. El argumento principal fue que no puede permitirse el maltrato que sufren los especímenes que pertenecen a estos sitios y se difundió viralmente una imagen ensalzando el hecho de que somos el primer estado en formalizar dicha prohibición junto con el hashtag #CircosSinAnimales.
¿Cómo pueden convivir ambas cosas en un mismo marco legal? Se es, o no se es y los argumentos para justificar por qué una cosa sí y la otra no son risibles, como en el caso del diputado Marco Antonio León quien dijo que “hay que aprender a discernir” porque el circo es maltrato y los toros, arte. Así, sin más. Qué pobreza argumentativa.
Por ahí hay voces que señalan que quizá todo esto tiene que ver, entre otras cosas, con darle gusto al Gobernador José Calzada, quien tiene una conocida preferencia por la fiesta brava (incluso fue fundador del grupo “Forcados Queretanos” en su juventud). Además, Querétaro alberga a una gran mayoría de las ganaderías más importantes del país, mismas que manejan junto con todos los vinculados al negocio taurino un ingreso a nivel local que representa en total 657 millones de pesos anuales. Y bueno, como botón de muestra de la influencia de este tipo de empresarios tenemos al “Pollo” Torreslanda, además miembro activo del PRI. ¿Serán estos los intereses que no quieren atacar?
En estos términos políticos y económicos, aparentemente los circos con animales no son tan importantes para nadie, salvo para los nostálgicos que recuerdan cómo fue que en estos lugares conocieron por primera vez un león o un elefante en vivo y a todo color. Bueno, y para los empresarios circenses, claro.
Definitivamente se puede argumentar mucho a favor y en contra de ambas posturas y ciertamente la discusión podría tener muchos matices. Pero el punto no es ese. El punto es que los legisladores no definen claramente sus criterios, hacen cosas que aparentemente solo tienen como fin atraer cobertura mediática y cuando se les cuestiona al respecto no dan las suficientes evidencias para poder defender sus actuaciones.

Por supuesto que la aprobación de esta modificación a la Ley de Protección Ambiental es un gran triunfo para prevenir y evitar el maltrato a otros seres vivientes, en este aspecto no hay ninguna duda. Pero haber dado este paso es igual a haber puesto un pie en un lado de un abismo y tener el otro muy, muy atrás, en un lado completamente opuesto. Los diputados están en este malabarismo, haciendo equilibrio, tratando de mantenerse estables a pesar de la contradicción. Los que estamos abajo, observándolos, nos imaginamos todo el tiempo qué pasaría si de pronto cometieran un pequeño error y entonces pudieran caer. Lo que todos sabemos de cierto, es que el acto algún día tiene que terminar, ya sea porque caigan, ya sea porque el circo tenga que cambiar de temporada y entonces tengan que llegar otros malabaristas a continuar el show. Lo que también sabemos es que el espectáculo es muy malo (lo que le sigue) y su puesta en escena no nos divierte para nada porque en este circo los maltratados nunca son los que entretienen en él, sino el público que los observa.
*Publicado el 8 de diciembre en El Mosquito
**Imagen tomada de Twitter.

Se pasan de optimistas

El pasado viernes, el escritor Mario Vargas Llosa sostuvo una reunión privada con el presidente Enrique Peña Nieto, sobre quien ha hecho algunos comentarios positivos previamente.
El 7 de octubre, Andrés Oppenheimer publicó en su columna en el diario Reforma una entrevista con el autor peruano, titulada “El optimismo de Mario Vargas Llosa”. Hacia la parte final del texto, Oppenheimer escribió sobre la respuesta que el escritor le dio al preguntarle sobre México y el partido gobernante en turno.
Textualmente, ese fragmento dice: “Cuando le pregunté por México, y el regreso del PRI al poder, Vargas Llosa dijo que ve al Presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, ‘mucho mejor de lo que yo esperaba’. Agregó que ‘el PRI que ha subido con Peña Nieto es un PRI que ha sabido aceptar el juego democrático’ y que algunas de sus reformas ‘están muy bien orientadas’.”
No sorprende que Oppenheimer le haya puesto el calificativo de optimista al escritor, quizá como una forma de cuestionarlo sutilmente, precisamente porque lo que falta en México  es optimismo debido a la incertidumbre que provocan las posibles consecuencias que tendrán las reformas que entrarán en vigor  el próximo año, aunque hayan sido alabadas por el escritor.
No se puede ser tan optimista en el país de los “gasolinazos”, donde pagamos una de las gasolinas más caras del mundo. No nos vayamos con la finta. Si comparamos en términos brutos, la gasolina en México es de las más baratas del mundo: 12.02 pesos por litro. Sin embargo, si lo comparamos con el ingreso diario promedio de los países con gasolina "más cara", veremos que en Noruega, por ejemplo, un litro de gasolina representa tan solo un 0.9% de ese ingreso, mientras que en México el porcentaje es del 18.46%. Eso da una idea del golpe que significa el consumo de combustible para los ingresos de una familia. ¿Dará la reforma energética una solución a esta problemática? ¿Pararán los “gasolinazos”? Honestamente, lo dudo.
Cuánta esperanza se puede tener en un país donde el “juego democrático”, como lo llama Vargas Llosa, implica que los partidos negocien la aceptación o no aceptación de las reformas no por lo conveniente para la ciudadanía, sino por la repartición de un mayor presupuesto federal, como sucedió con el “fondo de capitalidad”. Respecto a este fondo, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, reconoció que negociaron cinco acuerdos para asegurar que los miembros del PRD en la Cámara de Diputados aprobaran la reforma fiscal y del paquete económico 2014. Estos acuerdos incluyen diversos beneficios para el Gobierno del Distrito Federal, que incluye no gravar con el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a los espectáculos, como las corridas de toros, conciertos y partidos de futbol, entre otros. Además, Videgaray acordó crear un fondo de capitalidad, es decir, un presupuesto extra para el DF de 3 mil millones de pesos, más 700 millones para el Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS). Es entonces pertinente preguntarnos qué papel pueden tener los ciudadanos en este “juego democrático”, donde las decisiones se toman entre partidos, definidos a través de sus intereses y no los de sus representados.
Y cómo mantener la confianza en las instituciones en este país en el que un partido como el PAN propuso la creación del Instituto Nacional Electoral para sustituir al Instituto Federal Electoral y a los 32 institutos equivalentes en cada entidad con la supuesta intención de que tenga autonomía constitucional y de evitar que la dependencia de los institutos locales al presupuesto estatal los haga vulnerables a los deseos del gobierno en turno (como menciona Adrián Trejo en un comentario para El Financiero). Sin embargo, el INE dependerá en presupuesto del gobierno federal en turno, luego entonces ¿eso no lo haría vulnerable también? ¿Qué sentido tendría entonces esta centralización? ¿No se corre más riesgo? ¿Es esta propuesta realmente a favor de la democracia?
Entonces queda más claro por qué Oppenheimer consideró que las declaraciones de Vargas Llosa sobre México y América Latina eran optimistas. En exceso, diría yo. 
Publicado el 1 de diciembre de 2013 en El Mosquito
Imagen: Tomada de internet

Iglesia y deseos

La nota que acaparó los noticieros locales hacia el final de esta semana fue la acusación hecha contra el sacerdote Arturo Méndez Camacho por presuntos abusos deshonestos contra dos menores de edad. Este suceso ha causado expectación ya que Méndez podrá seguir su proceso en libertad, pues el Código Penal del estado no tipifica esto como delito grave, lo que ha generado indignación en la comunidad.
Será la justicia quien determine el resultado del caso, sin embargo, un suceso como este siempre desata preguntas respecto a los motivos que pueden llevar a una persona a abusar de un menor de edad. Estaba dando una clase, cuando el tema que presentaba dio pie a la discusión sobre este suceso; hablábamos de cómo se confrontan en nosotros las necesidades contra los deseos y cómo una necesidad no resuelta puede llevarnos al punto de la obsesión o la distorsión.
Comentaba con mis alumnos que las necesidades son todo aquello que nuestro organismo requiere en diferentes niveles: físico, emocional, intelectual, espiritual, etc. Estas necesidades pueden resolverse con diversos satisfactores y es eso lo que los diferencia de los deseos, que son las necesidades del organismo convertidas en un capricho de nuestra mente en donde creemos que hay un único satisfactor: quiero eso y nada más. La cosa se complica cuando por razones diversas reprimimos nuestras necesidades y entonces la forma de satisfacerlas comienza a tomar formas insospechadas en nuestra mente, llevándonos a la obsesión, al enviciamiento o incluso a la aberración.
El pensar en esto nos remite a la discusión sobre la pertinencia de mantener el celibato en los sacerdotes católicos y sobre cómo el eliminarlo podría servir para prevenir los delitos sexuales cometidos por algunos de ellos (sí, esos que no supieron atender su necesidad adecuadamente y distorsionaron el satisfactor para ella). El sexo es definitivamente una necesidad orgánica, sin embargo, además de negarles el derecho a las relaciones sexuales, la postura de algunos sectores de la Iglesia es que la masturbación es pecado y además, ¡mortal! Esto pueden comprobarlo en sitios como este donde está publicado el artículo “¿Es un pecado mortal la masturbación? Sí”. Entonces, ¿qué opción tienen los sacerdotes para satisfacer una necesidad presente en su organismo? Ninguna y eso es precisamente lo que causa problemas, ya que muchos de ellos probablemente puedan controlar sus impulsos, pero habrá otros que comiencen a generar fantasías sobre la forma de liberarlos y unos pocos llegarán al punto de materializar estos pensamientos a través de hechos lamentables.
En la discusión sobre el celibato, la posición de la Iglesia ha sido siempre determinante: es una regla que está lejos, muy lejos de poder siquiera evaluarse. Simple y sencillamente se mantiene. Las voces en contra de él son más bien externas, derivadas sobre todo de la mediatización de crímenes sexuales cometidos por sacerdotes y el duro cuestionamiento hacia las autoridades eclesiásticas que, en lugar de proteger a las víctimas, generalmente actuaron para proteger a los agresores, intentando enterrar los hechos y pretendiendo que no sucedía nada grave. En todo caso, se trataba de reubicarlos y confiar que no lo volverían a hacer. Y después se muestran preocupados porque están perdiendo feligreses y se preguntan por qué se van.

Estos casos nos llevan a analizar cosas profundas referentes a la naturaleza humana y a preguntarnos cuáles son los límites que podemos y los que no podemos romper. También nos hacemos preguntas respecto a la forma en la que podríamos encontrar un equilibrio entre las necesidades y deseos de una sociedad, las de una institución como la Iglesia Católica y las de los individuos. ¿Será más importante mantener a ojos cerrados una regla que desde hace siglos ha definido la labor sacerdotal o será momento de hacer preguntas al respecto? ¿Será más importante cumplir con una supuesta vocación que cumplir con una necesidad válida del individuo? ¿Si este no es el momento de discutir estos temas, entonces cuándo? ¿Qué papel juega la sociedad en todo esto? Estaremos pendientes del resultado del proceso y  veremos a dónde nos lleva en lo institucional, lo social y lo personal la reflexión generada alrededor de todo esto.
*Publicado el 24 de noviembre de 2013 en El Mosquito
**Imagen tomada de www.vaticanocatolico.com

Tocar el dolor

Dolor, tristeza, rabia, enojo, resentimiento son todos sentimientos que nos enseñan a evitar lo más posible y desde niños aprendemos a negarlos. "No te enojes", "l@s niñ@s que lloran/se enojan se ven fe@s", "no estés triste", "llorando no resuelves nada" y toda una serie de frases de repertorio paternal nos incrustaron la creencia de que estos sentimientos son "negativos", tanto, que lo mejor es ocultarlos bajo la alfombra y fingir que estamos bien y nada pasó. Qué error tan grande.
Durante mis clases y procesos grupales es muy común que en ciertos ejercicios salgan a flote algunas de estas emociones reprimidas y normalmente son sucesos que, aunque añejos, causan mucho dolor. Incluso algunos alumnos me llegan a comentar que les resulta difícil tocar ciertas partes de su pasado, porque remueven cosas que habían elegido ignorar.
En esta sociedad de respuestas inmediatas no hay tiempo para perder en lamentaciones, simple y sencillamente no es productivo. Y si a eso le agregamos la incomodidad que nos provoca estar cerca de alguien que se encuentra en un momento de dolor o pena, entonces es claro por qué sentimos ese rechazo casi casi patológico a las emociones "no alegres", por así decirlo. No nos enseñan a lidiar sanamente con ello y todo trato con esta clase de emociones se da a través de la negación. Y si no nos permitimos tocar nuestros propios dolores, imagínense entonces cuándo vamos a ser capaces de poder ser empáticos con los de los demás.
Seguido veo ejemplos de la forma en que solemos escapar de un enfrentamiento cara a cara con el sentir del otro y para eso como mexicanos nos pintamos solos porque ante el sufrir ajeno siempre tenemos el chiste adecuado. Piensen en cuántas veces decimos algo para intentar hacer reír a alguien que llora. Pareciera que nuestro interés es minimizar el sentimiento presente, es más, hasta lo decimos abiertamente cuando exclamamos: "no pasa nada". Pero sí pasa y es sumamente importante aprender a tocar estos sentimientos, empezando con los nuestros para así poder vivirlos sin miedo junto con otros.
¿Cómo hacerlo? Al inicio probablemente cueste trabajo, pero lo que hay que hacer es simple y sencillamente admitir el sentimiento como es en ese momento, recibirlo sin tratar de ponerle etiquetas o justificarlo, sino dejarlo fluir por un rato tal cual llegó, reconociendo: "estoy enojad@/triste/frustrad@/etc." Normalmente, cuando esto pasa y se permite que la emoción fluya, llegará un momento donde su intensidad bajará y entonces es posible empezar a procesarla: ¿Por qué me siento así? ¿Qué fue lo que provocó esto?
También es importante tener en cuenta que el proceso emocional es diferente entre persona y persona. Por eso no hay que comparar con lo que han vivido otros, pues solamente el que sufre sabe cuánto, cómo le duele y cómo lidiar con ello. En clases de desarrollo humano solemos decir: "a mí me duele más mi callo que tu cáncer", esto porque sencillamente mi dolor es mío, sin importar lo "grande" o "chico" que sea.
Este reconocimiento del dolor propio es el primer paso para poder acercarme al otro, en este mundo en el que realmente estamos necesitados de empatía y comprensión con el diferente. La división social que vemos diariamente tiene mucho que ver con nuestra capacidad de comprender y conectar con el sentimiento ajeno, por lo que es importante que dejemos de negarnos la oportunidad de sentir plenamente, incluso aquello que hemos aprendido a ocultar.

*Publicado en El Mosquito el 17 de noviembre de 2013 
**Imagen tomada de internet

Niño perdido

Suelo ser muy cuidadosa de no reproducir mensajes de alarma en redes sociales si no los he verificado antes (es una herencia de mi experiencia como periodista: confirma la información). La gran mayoría de las ocasiones, las alertas sobre posibles nuevas formas de secuestro o los niños perdidos son casos que o son falsos o ya fueron resueltos. Incluso me he encontrado con denuncias que fueron levantadas hace años y el niño o niña ya apareció. Por eso mismo me conmocionó lo que pasó con el niño Ricardo Ruiz Sánchez, que desapareció en Querétaro el pasado miércoles 6, por lo que se emitió la Alerta Amber (un protocolo internacional que se activa en casos de niños desaparecidos) y gracias a eso fue encontrado, afortunadamente, la madrugada del jueves 7.
Lo más importante es que el niño está bien, pero tras el alivio inicial me vino un pánico aún mayor al saber la manera en la que fue encontrado: acompañado de un adulto –de nombre Héctor Hernández Rivera-, que lo llevaba en un tren de carga con destino ¡a Veracruz! Lo peor de todo es que las autoridades no han proporcionado mayor información sobre el caso. La pregunta que me surge es: ¿para qué quería este señor al niño? Y no hablo de conjeturas, porque nos podemos hacer telarañas en la cabeza y dar mil ideas espantosas; yo realmente quisiera saber con qué objetivo este individuo decidió llevarse al niño, porque eso, para empezar, permitirá poner atención y rascarle a un problema que puede ser bastante grave como tráfico de personas, explotación, prostitución y todo lo espeluznante que se puede asociar con estos temas. Si llevaba el niño para venderlo, la pregunta inicial es: ¿a quién?, para después indagar con qué fin. Enseguida, y creo que esto sería lo más útil para la sociedad en general, se debería difundir la forma en la que atrajo al niño. ¿Qué le dijo? ¿Cómo lo engañó? Tenemos que saber cómo operan esta clase de personas para seguir haciendo conciencia y prevenir. Los niños deben estar preparados desde muy pequeños para enfrentarse a situaciones engañosas porque cada vez son más las amenazas, ya sea en la calle o por internet.
Al pensar en cómo prevenir algo así, dada la tendencia natural de los niños a confiar, se me vino a la mente el video de la campaña “Sweet Trick” (“Engaño dulce”), lanzado por la Unicef para hacer conciencia sobre el riesgo que corren los niños cotidianamente de ser víctimas de algún acto de pedofilia.  En él participó un hombre totalmente cubierto de algodón de azúcar (lo cual, por supuesto, impedía ver su cara o saber de qué se trataba) que con solo caminar por en medio de un parque a plena luz del día, se volvió un imán para muchísimos niños que, sin dudarlo ni un poco, se acercaron a tomar un trozo del caramelo. En cierto momento, el hombre-golosina le entregó volantes a los padres de los niños, en los que se leía: “Así de fácil es para un pedófilo atraer a un niño. Estemos alerta”. Los padres, como yo, se quedan en estado de shock, porque ni siquiera ellos desconfiaron de un sujeto de apariencia literalmente tan dulce e inofensiva.  Quien quiera verlo (y, por favor, compartirlo), el video se encuentra en el canal de UnicefChile en Youtube con el nombre de “Unicef – Sweet Trick”.
Para el pequeño Ricardo, la Alerta Amber hizo la diferencia y permitió que fuera devuelto a sus padres antes de salir incluso del estado. Bien por la ciudadanía, ya que fue una llamada anónima la que permitió saber que un hombre sospechoso había abordado un tren en Hércules acompañado de un niño, y bien también por las autoridades, que no desestimaron la denuncia y  actuaron inmediatamente para alcanzar el tren, que ya se encontraba en el municipio de Pedro Escobedo.  Sin embargo, ¿cuántos casos más habrá que no se solucionan y que se pudieron prevenir con una adecuada información? ¿Cómo estar preparados?

Espero que pronto salgan a la luz otros datos que permitan definir qué pasó exactamente, para así tener herramientas que nos permitan prevenir este tipo de casos y cada vez menos familias deban enfrentarse a una situación de esta naturaleza, que definitivamente pone los pelos de punta tan solo de imaginarla. 
*Publicado en El Mosquito el 10 de noviembre
**Imagen tomada de internet.

La generación del milenio

Hace dos semanas les contaba mi impacto por aquellos papás que están sujetos a los caprichos de sus hijos y su incapacidad para ponerles límites y decirles que no.
Ayer por la noche, veía un programa de televisión en el que una “niñera” experta ayudaba a los papás de dos adolescentes a lidiar con la carga que sus hijos representaban ya que no eran capaces de hacer una sola tare a en el hogar. Literalmente ninguna. De hecho, me consternó una escena en la que el hijo (que además no es adolescente, sino que tiene ¡19 años!) está jugando videojuegos y le pide al papá que por favor le ponga unos calcetines… ¡y el papá obedece y se los pone! Me quede boquiabierta. Y la peor parte es cuando entrevistan al hijito mimado y dice: “esto es culpa de mi papá, él me educó así y ahora es su responsabilidad”. Cruel, pero tiene razón.
Cuando escuché eso no pude dejar de pensar en mis alumnos de universidad. Muchos de ellos tienen esa actitud de “tú eres responsable de bienestar y te corresponde brindármelo a cualquier precio y yo no tengo por qué hacer nada para ganarme nada porque todo me lo merezco”. En serio, estos chicos (llamados en inglés “milenials” o “generación del milenio) salen al mundo con una actitud que parece un tanto malcriada y retadora, en la que la prioridad son sus necesidades, enseguida sus necesidades y al final sus necesidades, pero eso sí, sin esfuerzo de por medio.
Son varios los factores que determinan estas actitudes de los “millenials” (a los cuales, según la agencia OMD, también pertenezco por un pelito, pues abarca a los nacidos entre 1981 y 1996). El acceso a la tecnología que ha facilitado su vida es uno de ellos. Otro factor es el haber nacido en familias menos numerosas, lo que incrementó la “renta” por niño, por lo que tuvieron mejores opciones en materia económica y educativa. Son jóvenes preparados académicamente, pero que han tenido que enfrentarse al actual entorno de crisis mundial en el cual, tener un título no es suficiente. También han alargado la estancia en casa de sus padres, en algunos casos hasta los 30 años o más, en parte por la falta de empleos bien remunerados y en parte por la comodidad que esto implica (porque son algo aprovechados de unos papás que darían todo por ellos).
Otro aspecto que los determina es su deseo de llevar una buena vida, no como sus padres que aprecian cualquier trabajo siempre y cuando esto implique buenos ingresos. Para los millenials es mejor no tener empleo que tener uno que no les guste (y entonces seguir de lapa en casa de sus papás, mantenidos por ellos).
Una gran inteligencia, su interés por la moda (de la buena), el acceso y uso familiar de la tecnología y la cultura pop son rasgos que los definen. Y tienen cosas buenas también, pues tienen una gran capacidad de adaptación, interés por tomar responsabilidades en sus organizaciones, gran facilidad para vislumbrar las necesidades del mercado y no muestran miedo alguno para tomar riesgos, características que según la agencia Deloitte, deberían ser altamente apreciadas por los grandes corporativos.
Entonces, ¿cómo sacarle provecho a lo bueno y minimizar las características negativas en los millenials?  Enfrentándolos a retos personales e intelectuales, porque ya mencioné lo mucho que les gustan. Poniéndoles metas y objetivos, participando con ellos de su interés por una buena calidad de vida, incentivándolos a involucrarse en actividades colectivas y, sobre todo, poniéndoles límites claros desde el inicio. Suena fácil, pero no lo es tanto para la generación anterior, los baby boomers, quienes quisieron evitar a toda costa que sus hijos sufrieran lo que ellos y por eso los mimaron hasta el cansancio (y en algunos casos, siguen haciéndolo). Los padres de estos chicos en verdad sufren al poner responsabilidades en sus hijos y padecen mucho más cuando tienen que hacerles ver las consecuencias de sus actos. Por eso hay algunos muy acostumbrados a romper los límites: porque al final nunca les pasa nada. Solo tienen que hacerse los sufridos un poco y tarde o temprano los padres y maestros cederán.

No quiero caer en el viejo cliché de “todo tiempo pasado fue mejor”. Creo más bien que debemos adaptarnos a las características de esta nueva generación y hacer lo posible por sacar a flote sus cualidades, que son muchas y muy interesantes en un entorno global en el que su adaptabilidad y su capacidad para tomar retos pueden hacer la diferencia.
*Publicado el 27 de octubre en El Mosquito
**Imagen tomada de www.altag.net

Tianguista: te envidio

Tengo que confesarles que tengo severos problemas con los tianguistas y ambulantes. Me da mucho coraje verlos como personas que se aprovechan de la frase “la unión hace la fuerza” para evadir las responsabilidades que el resto de los mortales de la clase media tenemos que cargar, sobre todo aquellas que tienen que ver con “ser formal”, es decir, pagar impuestos, darle un seguro a los empleados, hacer trámites de autorizaciones y pagar permisos, etc.
Traigo esto a la mesa por los recientes sucesos en el centro de Querétaro y en el Mercado Escobedo, donde se suscitaron algunas peleas entre inspectores y ambulantes a los que intentaban retirar tras los justos reclamos de los comerciantes establecidos que ven afectadas sus ventas por los mencionados personajes, que así tan simple y tan sencillo se colocan en la puerta de cualquier negocio a hacerle competencia sin los inconvenientes de pagar renta, sueldos o dar factura, cobijados bajo las alas de las poderosas organizaciones de “comerciantes” que los usan como moneda de cambio en cada elección para asegurar su permanencia y poder de negociación. Por eso nadie les hace nada.
No es un problema nada más de Querétaro, en todos lados es una lucha constante entre el comercio establecido y los informales (qué chistoso que los respeten tanto y no les digan “ilegales”, finalmente lo que hacen está fuera de la ley) y el respeto que les tienen como fuerza electoral es evidente en todos los niveles de gobierno. Si no, simplemente hay que ver las reformas propuestas en materia hacendaria en las que no se contempla ninguna medida para recaudar al menos un poco de este sector. Es más, eliminaron el Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IED), supuestamente creado por el ex presidente Felipe Calderón para poder gravar de algún modo las ganancias de este grupo (aunque de paso también se llevaba a algunos otros, claro).
Podrán decir que los tianguis y puestos ambulantes son necesarios porque ofrecen opciones baratas para sus compradores. Pero quien haya ido últimamente a comprarles podrá darse cuenta que la diferencia de precios no es muy alta respecto a comercios establecidos. Y si han ido al famosísimo y tradicional tianguis de La Cruz, se darán cuenta de que algunas cosas como ropa y accesorios están incluso al mismo precio de tiendas de marca con el inconveniente de que ¡no son cosas de marca!
Y hablando precisamente de eso, es un tache más que desde mi punto de vista hay que ponerle a los negocios ambulantes: ofrecen mercancía de muy baja calidad o “pirata”. Y si tengo problemas con los ambulantes, no se diga con la piratería. Se me hace el negocio más bajo del mundo tomar el esfuerzo de alguien, copiarlo y aprovecharte de él sin ningún esfuerzo. Es una falta de respeto incluso a la propia capacidad; es como decirle al mundo: “soy un inútil, no puedo hacer nada por mí mismo, soy incapaz de hacer algo propio y necesito robar de otros las ideas que no puedo generar yo”. Más bajo no se puede caer.
Este abuso se comete descaradamente a la luz del día, pero pareciera que las autoridades son ciegas y sordas cuando de mano dura contra los ambulantes se trata. Poquísimas veces se hacen operativos contra la piratería y cuando se llegan a hacer, generalmente no hay detenidos, solo mercancía asegurada (¡ja!, como si les saliera tan caro reponerla, de a peso por “peli”). 

Pareciera que los gobiernos evitan a toda costa las confrontaciones con estos grupos, porque si lo hacen, se enfrentan a la posibilidad de una respuesta violenta, como sucedió esta semana. Y peor aún: se enfrentan a la posibilidad de perder un montón de votos asegurados por los líderes a los que solapan. Por eso los ambulantes ni se preocupan ni se acongojan, porque siempre hay un lugar para ellos bajo las alas del poder. Si alguien se queja mucho, los reubican; si no tienen luz, se las ponen (noten que en los lugares donde normalmente se instalan les tienen cajas con contactos, ¡vaya cinismo!); si necesitan algo, se los proporcionan (en Calzada de Belén y en Sombrerete, por ejemplo, les pusieron bases para que puedan colgar cómodamente sus lonas); les permiten cerrar calles impunemente, cosa que ninguno de nosotros puede hacer, ¿o sí? Por eso, más que coraje, les tengo envidia: ojalá el gobierno a mí –o a cualquiera de nosotros- nos tratara tan bien.
*Publicado el 6 de octubre en El Mosquito

La maestra y sus policías

Ayer terminé de dar un curso en el Instituto de Capacitación y Estudios de Seguridad del Estado, en donde se forman y capacitan los futuros policías de la ciudad. Vi a una generación de cadetes graduarse (empiezan sus labores el lunes) y otras tres están en proceso, un poquito más allá de la mitad. Le di clase a un total de 120 oficiales en formación.
Lo que puedo decir de esta experiencia es que fue tan sorprendente como satisfactoria. Lo que me causó sorpresa fue saber las condiciones en las que estudian, los sacrificios que algunos tienen que hacer para ingresar y después permanecer en el colegio, las problemáticas tan duras que algunos de ellos han vivido y las dificultades que enfrentan durante su formación.
La experiencia de ser cadete es en sí extraordinaria. Para empezar, están internos, llegan los lunes a primera hora y salen los sábados en la tarde. Viven, comen y duermen casi toda la semana en el instituto. Su rutina inicia muy temprano con sus ejercicios y todo el día están en entrenamiento, tanto físico como académico. Toman clases sobre leyes, reglamentos, desarrollo humano, manejo de conflictos, derecho, manejo del estrés, redacción, entre otras y en cuanto al ejercicio tienen acondicionamiento físico, rapel, intervención, atención de disturbios urbanos, patrullaje en bicicleta, corren a todas horas, se asolean, madrugan y se duermen muy tarde. Esta extraña comunidad que se conforma  de la noche a la mañana y que es obligada a convivir, colaborar, participar y compartir con un montón de extraños sin decirles “agua va”, conforma una experiencia humana extenuante en todos los aspectos. Por eso, para mí es aún más sorprendente ver el entusiasmo con que muchos de ellos toman su carrera policial. La disfrutan en serio; la mayoría tiene una gran vocación de servicio y en general podría decir que entre mis alumnos y alumnas había muchas buenas personas.
Se me olvidaba mencionar que me divertí mucho. Debido al enorme estrés en el que viven día a día, la risa de vuelve una válvula de escape, así que aprovechan hasta la más pequeña oportunidad para hacer un chiste y sacar a relucir su sentido del humor. Nunca me había reído tanto en las clases, ni siquiera cuando era estudiante.
Al Instituto aplican una gran diversidad de personas, así que hay de todo: muy jóvenes y no tanto, solteros y casados, con hijos y sin ellos, gente de diferentes ciudades, algunos con experiencia en algún tipo de corporación policiaca y otros muy novatos, lo cual vuelve el proceso aún más enriquecedor para todos, alumnos y maestros. Sin embargo, a pesar de tanta diversidad, la gran mayoría coincide en una cosa: que la parte más difícil de su formación es separarse de su familia.
También pude darme cuenta de que tenía muchos prejuicios al respecto de los policías y honestamente muchas de estas creencias cambiaron al conocerlos porque muchos de ellos lo están apostando todo para poder convertirse en elementos en activo y este paso tiene un gran significado en sus vidas porque en él tienen fincadas sus esperanzas de superación personal y de ofrecerle a sus familias una vida mejor. Y no miento cuando digo que muchos de ellos en verdad lo necesitan porque están en situaciones muy complicadas.
Para mí fue muy satisfactorio contribuir un poquito con este proceso; decidí tomar la oportunidad que se me ofrecía porque para mí es una manera de formar parte de la solución a un problema del cual muchos nos quejamos. Participar en la formación de un policía (o bueno, de muchos) es una responsabilidad enorme, pero creo que vale la pena si con eso podemos ayudarlos a mantener ese buen corazón y las buenas intenciones que en primera instancia los impulsaron a inscribirse en el curso de formación.

Esta es una de las experiencias más satisfactorias que he tenido en mi vida laboral y no exagero cuando digo que pocas veces me había sentido tan útil dentro de un trabajo. Definitivamente sería genial volver a tener la oportunidad de colaborar con ellos, así sentiré que aporto un poquito a generar ese ambiente seguro que todos queremos tener en Querétaro. 
*Publicado en El Mosquito el 29 de septiembre

Conmigo o contra mí

Recientemente mi muro de Facebook fue campo de batalla para dos personas con opiniones muy opuestas respecto al conflicto magisterial. Se agredieron, se amenazaron, se insultaron, todo porque uno opina que los maestros están en su derecho de manifestarse y exigir sus demandas y el otro opina que no, que los deberían mover a la fuerza (como finalmente pasó).
Todo surgió porque puse una foto de un manifestante colombiano que compartía su comida con uno de los policías que resguardaba la protesta. Sucede que precisamente de eso se trataba mi publicación: de que no debería haber lugar para el odio entre dos compatriotas (y más allá, entre dos seres humanos), y mucho menos que exista por ideologías políticas. Es absurdo, pero pasa y tan pasa que estamos viviendo esa polarización en las redes sociales como el pan nuestro de cada día.
Basta ver el “timeline” de comentarios y tratándose de ideologías políticas abundan los chistes, memes, agresiones directas e insultos de unos hacia otros. Rojos, amarillos, verdes, azules y de cualquier color. E incluso si no tienes color también te toca porque eres un desinteresado y te vale.
Lo peor, es que muchas veces ya no se manejan argumentos lógicos y racionales. En muchos casos son generalizaciones, insultos, supuestos y falacias, y ya caímos en el “estás conmigo o contra mí”, lo cual ha cerrado completamente la puerta al diálogo. 
Pareciera que ahora es “agrede al que piensa diferente, es el enemigo y hay que aniquilarlo”, pero es tristísimo que fuera de esas supuestas diferencias tenemos muchísimas más cosas en común. Y lo peor es saber que precisamente estos desencuentros se podrían resolver si como sociedad tuviéramos la capacidad de escuchar lo que el otro intenta decirnos.
No se trata de no tener diferencias nunca. La discusión de los temas que causan controversia es enriquecedora, siempre y cuando se mantenga en los términos de la argumentación que, por supuesto, no incluye insultos (¡jamás!), ni amenazas, ni descalificaciones a priori. Ya bastante tenemos con las medidas que se están tomando políticamente y que nos afectarán directamente como para además vivir en medio de agresiones, con enconos y rencores.
Se vienen tiempos de incertidumbre y lo peor que nos puede pasar es que nos agarren peleados unos con otros, desunidos.
¿Y saben qué? Creo que precisamente eso es lo que están esperando los “tomadores de decisiones”: que estemos tan ocupados peleándonos entre nosotros que no nos quede tiempo para poner atención a lo que ellos están haciendo allá en lo oscurito. Y cuando menos lo pensemos, nos va a llevar parejo, ahí sí, sin distinción. Me da coraje tan solo pensarlo.
No se me ocurre ninguna forma de cambiar esto. La verdad es que ya son muy pocos los que están atentos y casi nadie está dispuesto a escuchar. Parece que en defender sus ideales se les va la vida y que el simple hecho de permitirse poner atención al argumento del otro es como si cometieran alta traición. Pero uno no traiciona sus creencias cuando se permite abrir la mente al argumento del otro. Es más, no hay acción más noble y que otorgue más grandeza. Es una lástima que no nos demos esa oportunidad y que en ese afán de convencer al otro de que piense como yo se nos está escapando la oportunidad de vivir ese respeto que estamos exigiendo a gritos.

SOBRE LLUVIAS Y DONACIONES
Como si no fuera suficiente todo lo que ha venido pasando en el país en las últimas semanas, “Manuel” e “Ingrid” arrasaron por el Golfo y el Pacífico con las costas del país.
Y como siempre, la mayor capacidad de respuesta en casos de desastre no estuvo en el Gobierno, sino en la sociedad, que rápidamente se puso de acuerdo para enviar ayuda a las comunidades más remotas.

Un buen tip que me pasaron por Facebook es que si vas a cooperar con víveres como latas, sobres, botellas, etc., los marques con plumón indeleble y pongas leyendas como “DONACIÓN”, “Estamos con ustedes”, “No es para su venta”, etc.; esto con el fin de evitar que haya desvíos y lucro con los apoyos como sucedió en 1997 con el huracán Paulina y como ha sucedido en muchos otros desastres. Se los paso al costo; la verdad, yo creo que vale la pena.

**Publicado el 22 de septiembre en El Mosquito
*Imagen tomada de www.caracol.com.co

Se nos vino la noche

Se hizo realidad la pesadilla en la que volvían a nuestra mente palabras como “déficit”, “desaceleración” y carga tributaria. Estamos viendo el regreso de aquellas viejas prácticas en las que el gobierno, incapaz de administrarse adecuadamente, pone la carga de su manutención sobre los hombros de la clase media cautiva a través de la nueva reforma hacendaria.
Esta iniciativa fue entregada este domingo al Congreso por el presidente Enrique Peña Nieto y lo que inicialmente llamó la atención fue que en ella no se contemplaba gravar con IVA alimentos y medicinas, como se esperaba según los augurios de diversos analistas económicos. Hasta aquí todo era sorpresa y júbilo por la sensibilidad mostrada por el Ejecutivo hacia la ciudadanía y sus dificultades en el entorno actual.
Sin embargo, en su discurso triunfal de hace una semana el presidente Peña inteligentemente omitió la explicación sobre todo aquello que sí será sujeto de impuestos y dejó esta responsabilidad sobre su Secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Y ahí fue cuando se nos vino la noche.
Una vez pasada la euforia inicial, el análisis más profundo nos reveló cosas que parecen casi macabras: se gravarán las colegiaturas, los conciertos, los refrescos, las utilidades, el alimento para mascotas y hasta los chicles.
Ponerle impuesto especial a los refrescos y bebidas azucaradas me parece maravilloso en un país donde la gente bebe cola como agua de uso y donde la obesidad y la diabetes son las principales causas de muerte. Punto a favor.
No obstante, ponerle impuestos a las colegiaturas me parece hacerse un “harakiri”, puesto que está comprobado que la universidad es el principal motor de la movilidad social. Me explico: si alguien pertenece a la clase baja, pero tiene acceso a la educación universitaria, aumentan drásticamente sus posibilidades de subir un peldaño hacia la clase media (o más). Y sucede lo mismo con aquellos de clase media, que con estudios superiores tienen más facilidades para acceder a la clase alta. Por eso, ponerle un impuesto a la educación privada es una señal de falta de interés en el desarrollo, así de simple. Es quitarle a un 70 por ciento de los jóvenes el derecho de acceder a una educación de calidad que, por cierto, el Estado les debería proporcionar. Si las universidades públicas solo pueden atender un 30 por ciento de la demanda, ¿quién se hará cargo de aquellos que no puedan absorber el costo extra que este impuesto implicará?, ¿quién garantizará su derecho a la educación?
Curiosamente el Congreso decidió discutir (y aprobar) esta iniciativa el martes por la noche, justo a la hora en que se transmitía el partido de la Selección Mexicana contra la de Estados Unidos. Dicen que no hay que sospechar, pero, ¿no les suena un poco raro? ¡Es una extraña coincidencia!
Esta brevedad de tiempos –la reforma se presentó el domingo y pasó ¡el martes!- dejó a todos fuera de balance. No hemos terminado de entender de qué se trata y cómo se va a distribuir la nueva carga tributaria, cuando ya la tenemos encima. Por eso han surgido voces exigiendo un análisis más a detalle antes de que el Senado la apruebe y entonces sí ya no haya marcha atrás. No sé si haya mucho que podamos hacer, pero sí podemos dejarle claro a nuestros representantes que no queremos que aprueben nada que no nos hayan consultado a nosotros, no solo lo que acordaron con sus partidos, por mucho que se trate de un pacto. Se deben primero a nosotros. Y también debemos cumplir con nuestro deber, primero, informándonos. Pero por favor, no solo en los noticieros, hay que leer periódicos, escuchar la radio, averiguar en internet, seguir a nuestros gobernantes en redes sociales y participar, asistir a foros (y hasta organizarlos), dar seguimiento a las sesiones de las Cámaras y compartir la información con nuestros familiares y amigos.
Suena utópico, pero si no es así, ¿cómo? ¿Cuándo será un buen momento para comenzar? ¿Hasta cuándo vamos a permitir que sigan pasándonos la aplanadora fiscal por encima sin decir ni hacer nada?

Que ya no se equivoquen. Creen que gobernar a su modo les será igual de fácil que antes, sin tomar opinión, unilateralmente, valiéndose de la masa para hacer y deshacer sin que nadie les plante cara. Pero aquí estamos, y no nos vamos a dejar, ¿verdad?

*Publicado en El Mosquito el 15 de septiembre de 2013.
**Imagen tomada de www.pulsociudadano.com

Como perder en propia cancha

Muy triste lo que pasó el viernes. No necesitábamos otra señal de fracaso, de que entonces no se puede y no hay para dónde hacerse, pero perdió la Selección y yendo más allá del asunto meramente superficial, la verdad sí creo que necesitábamos algo que nos diera aunque fuera un gustito ante tanta división y encono, ante un mar de opiniones divididas en un sinfín de temas que no acabamos de comprender pero que discutimos como quien defiende la vida. Ante ese desgaste hacía falta algo que nos hiciera sentir tantito alivio. Pero no se pudo y ahora todo se ve lluvioso y gris (también literalmente) y para colmo de males este fin de semana, además, hubo “gasolinazo”. Total que ya nos cansamos de recibir goles y nomás no anotar. Esto es precisamente como perder un partido ante Honduras en el Azteca: indignante, doloroso, frustrante y generador de mucha impotencia, porque así como no podemos rifárnosla y meternos a jugar a la cancha en lugar de cualquiera de esos 11 troncos, tampoco podemos meternos al juego donde se toman las decisiones que nos afectan y nos afectarán, porque lo peor está por venir.
Ya se aprobó en “fast track” la reforma educativa, causa de la inconformidad de los miles de maestros de la CNTE que tienen loco al D.F. y que está generando ya escaladas de violencia hasta ahora verbal en redes sociales donde parece ser que hay dos bandos: los ciudadanos afectados (o no) por los manifestantes y los que defienden el movimiento magisterial. Unos a otros se acusan de intolerantes, de vende patrias, de irracionales.  Y mientras tanto el presidente se placea en Rusia, haciendo alarde de las reformas que ya da por hechas ante el G20 (¿será que ya las negoció? Naaaaaaaaaah, ¿cómo creen?).
Se vienen las reformas energética y financiera… Se prevé un aumento del IVA y la adición de este impuesto a los alimentos y las medicinas. Coparmex, muy amablemente, ya salió a querer plancharle el camino a esta iniciativa, incluso presentándola como su “propuesta”. Ah, pero que sí “porfitas” a los empresarios les quiten el IETU.
Ciertamente tanta incertidumbre se nota. Ante un panorama de reformas que pueden provocar reacciones diversas y escabrosas en tantos aspectos no debería extrañarnos que en los últimos ocho meses hayan bajado algunos de los indicadores más importantes de la economía: la expectativa de crecimiento del PIB, la generación de empleos y la inversión en “infrachstuchchur”, como dirían por ahí. El primer semestre de 2013 fue desastroso en cuanto a resultados… ¡y falta lo peor!
No lo digo porque quiera ser ave de mal agüero, sino porque todo cambio necesita su tiempo de ajustes, pero ahorita el horno no está para bollos. Si así se pusieron las cosas con una reforma que afectó únicamente a un sector que decidió salir a las calles para exigir ser escuchado, ¿qué va a pasar cuando la gente se dé cuenta de la magnitud de lo que está discutiéndose ya en calidad de casi aprobado? ¿Cuando se entere, por ejemplo, que la reforma financiera permitirá el arraigo del deudor? (O sea, que si le debes a un banco, y éste teme que no le pagues, puede pedir que te arraiguen en tu casa hasta que cubras la deuda). ¿Qué harán si efectivamente aplican impuesto sobre los alimentos y las medicinas? ¿Qué nuevos bandos de detractores y seguidores se conformarán? ¿Cómo y en qué tono defenderán sus ideas?
Ya ni siquiera hay espacio para el diálogo. Me preocupa que hasta el futbol sea motivo de división. Unos molestos con el seleccionado nacional, otros molestos con los que hablan de futbol que porque no ponen atención a lo verdaderamente importante, otros más molestos con todos. Y mientras nosotros no nos ponemos de acuerdo, el Ejecutivo y el Legislativo parecen estar más unidos que nunca. Total, que el pueblo siga haciéndose pedazos.
Aprendieron muy bien aquella máxima que dice: divide y vencerás. Por eso hoy estamos vencidos por un adversario que con poco menos que nada se lleva el triunfo con un nada honroso 2 a 1… y en nuestra propia cancha. Si el vestidor sigue sin ponerse de acuerdo, el director técnico es lo de menos. Finalmente en este juego quienes mandan son la Asamblea de Dueños y la Federación y lo que a ellos les importa es ganar dinero a costa de los que están en el campo, ganen o pierdan. Y ya vimos que nos está tocando perder.


**Publicado el 8 de septiembre en El Mosquito 

Puras fallas

Tres cosas interesantes nos ocupan esta semana: La torcida de brazo de las autoridades estatales en cuanto al programa RedQ, la posible demolición del retorno en Universidad y Tecnológico y el cambio de sede y fecha del mensaje con motivo del primer informe de gobierno del presidente Peña Nieto. Puras fallas.
Sobre el primer asunto: A mi parecer, salen ganando los choferes y concesionarios, con la ayuda de los usuarios. Los primeros no tuvieron que hacer mayor cosa y las autoridades ya dieron su brazo a torcer por la asistencia de 100 personas a manifestarse en Constituyentes. Es algo así como el 1 % de la población en el municipio, pero lograron que se restablecieran 13 rutas para beneplácito de los choferes que siguen sintiéndose intocables y que bajo ese argumento de que son indispensables seguirán haciendo de las suyas sin que nadie los obligue a ofrecer un mejor servicio. Seguirán cubriendo sus rutas de siempre como siempre.  Nada cambió y entonces queda comprobado el dicho “más vale malo por conocido que bueno por conocer”. Ni una semana de oportunidad tuvo el sistema para funcionar debidamente (con el pequeño impulso del boicot de los conductores, claro, que no permitieron que funcionara como se suponía que lo haría). Ni modo, se quedó en una buena intención.
Ahora, hablando del reto lanzado en twitter por el ex alcalde Francisco Domínguez a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) con el tono de “demuelan el puente, a ver qué dice la gente”, debo decir que me parece la peor muestra del charrismo mexicano. Resulta que en su gestión, Pancho construyó el retorno sobre Av. Universidad y Tecnológico afectando el cauce del Río Querétaro ¡sin haber pedido el visto bueno de la Comisión!  Es algo así como “hago esta obra por mis pistolas, al fin que sí se necesita y ya después a ver si se atreven a quitarle el juguete al niño”. Y que sí se atreven… o eso amenazan. Lo que sí creo es que debe haber alternativas de remediación y no debe entrarse en un juego de a ver quién puede más, el retorno ya está hecho y a menos que de verdad su permanencia implique un enorme riesgo a la población, yo supongo que debe haber formas de quedarse con él y no echar literalmente a la basura los 8 millones de pesos que costó. A ver si el presidente municipal Roberto Loyola se atreve a defender una obra hecha en la administración anterior.
Ya casi acabando y en temas nacionales, estoy sinceramente preocupada por las señales que manda el presidente Peña al cambiar de fecha y hora el mensaje que normalmente los ejecutivos suelen dar tras la entrega de su informe de gobierno (ceremonia, por cierto, innecesaria). Definitivamente se esperaba que el domingo fuera un día difícil. El gobierno capitalino suplicó cancelar los partidos de primera división que habría ese día en el D.F. argumentando que esperaba fuertes movilizaciones y no habría suficientes policías para controlarlas. Miedo total. Mis amigos defeños empezaron a decirse: “si no tienes a qué salir el domingo, ni salgas”. Se esperaba que se pusiera rudo. Con el cambio del mensaje al lunes 2 a las 10 a.m. en Los Pinos, Peña demuestra que también la veía venir. Contrario a su estilo, preferirá un lugar más modesto y pequeño (cambió el salón de 5 mil personas en Campo Marte por uno de mil 500 en Los Pinos), lo cual ya nos habla de que en verdad esperaban algo choncho y mejor ahí la dejaron y lo mandaron a su propia residencia a vanagloriarse casi casi que en privado, porque además, seamos honestos, ¿quién va a ver el mensaje televisado a las 10 de la mañana de un lunes? Todavía no sé bien cómo interpretarlo y creo que necesito que se llegue el momento para ver cómo se cierra el asunto.
Y ya como pilón, porque de esto no hablé inicialmente, está el asunto de Tonatiuh Salinas y su llegada a la dirigencia estatal del PRI. Muchos nos quedamos con cara de “¿what?”, ‘ora sí que, como dicen, “ni al caso”.  A mi parecer, Tona es mucha pieza para un puesto tan chiquitito. Le viene guango. Eso creo que genera dos expectativas: o hay un plan maestro detrás de todo esto y nos van a dar una sorpresa con alguna estrategia espectacular que escapa de nuestro entendimiento o simple y sencillamente la idea es poco a poco sacarlo de escena.  Ya veremos, dijo el ciego.


*Publicado el 1o de septiembre en El Mosquito
**Imagen tomada de internet

Gritos al aire

Últimamente las redes sociales han estado efervescentes en actividad debido a ciertas discusiones de temas
como la Reforma Energética, la Reforma Educativa, los cambios a la ley que regula al Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) y la liberación de Caro Quintero y de Raúl Salinas de Gortari (¡menuda cosa!).
Muchas de las manifestaciones tienen que ver con un amplio descontento –y con razón- por todos estos temas. Intentos de tratar de inclinar la balanza de la opinión hacia un lado o el otro. Veo mucha gente que “postea” su descontento a más no poder, alegan, se enojan, despotrican, lo cual es muy válido, pero siempre termino preguntándome ¿y para qué?
Siempre estaré a favor de que la gente participe, pero siempre debemos pensar dónde y cómo. Un tuit al aire no va a impactar en ningún lado –salvo que seas un tuitstar, tal vez-, y generalmente se queda única y exclusivamente en un desahogo virtual.
Entonces, ¿qué hacemos?, ¿nos callamos? Claro que no. Lo primero que hay que hacer es informarnos. Y hacerlo debidamente, porque las notas de Facebook y Twitter no son siempre fiables. De hecho, ayer corría el rumor de que Raúl Salinas había sido convocado al equipo de trabajo del presidente Enrique Peña Nieto como coordinador de la Reforma Energética. Falsísimo, pero a pesar de eso vi la nota replicada por portales de periódicos “serios”, locales y nacionales. Hay que confirmar y hay que alimentarnos de fuentes diversas. Escuchar un noticiero, leer un par de periódicos, elegir dos o tres columnistas favoritos, seguir en Twitter y Facebook a personajes y líderes de opinión relevantes. Así nuestra opinión se armará más bien como un rompecabezas donde nosotros haremos encajar las piezas y no recibiendo una única información de una sola fuente (lo que podría hacernos caer en errores y falacias).
¿Qué más hacemos? Manifiéstate en los foros adecuados. Si haces un comentario en tu muro, taggea a los involucrados. Busca foros de participación ciudadana (hay muchos), involúcrate. Investiga quién es tu diputado y quién tu senador y síguelos en redes sociales (casi todos tienen), así que te enterarás de primera mano qué piensa aprobar, qué opina, qué temas está empujando y qué temas no. Escríbele. Sus correos están disponibles en las respectivas páginas de internet del Senado y de la Cámara de Diputados. No lances tus gritos al aire: envíaselos a quien los tiene que escuchar. De nada sirve hacer bilis frente a la computadora si no tomamos una verdadera acción.
Cuando alguien hace esta clase de comentarios, de inmediato surgen las voces que dicen: “pero, ¿pa’ qué?, si de todos modos nunca pasa nada”. El gran problema es que caigamos en la desesperanza. Es precisamente ese determinismo el que nos tiene en esta situación; pensar que hagamos lo que hagamos no cambiará nada nos lleva a la apatía y siendo muy sinceros es una forma muy cómoda de desentendernos de nuestra propia responsabilidad de decidir en nuestras vidas: “al fin que ya pa’ qué”, “pues de todos modos el gobierno no hace nada”, bueno, pero ¿y tú?, ¿qué estás haciendo?, ¿qué estamos haciendo?
Estoy de acuerdo en que ya estuvo bueno de que nos estén complicando la vida. De que hagan leyes que solo convienen a sus intereses y que ignoren por completo la realidad de su país. Que haya funcionarios que crean que con 6 mil pesos alcanza para vivir. Que sea más complicado vivir honestamente que en la ilegalidad. Una de las máximas de Einstein era que el principio más grande de locura es querer obtener resultados diferentes haciendo lo mismo. Dejemos de hacer lo mismo, ya vimos que no funcionó. Hay que atrevernos a cosas diferentes, hay que proponer e idear. Hay que hacer pequeñas comunidades de gente dispuesta a hacer cambios de verdad. ¿Qué se te ocurre?

En Querétaro ya hay grupos de intercambio justo, de trueque, de deportistas, de enseñanzas diversas, de apoyo emocional, de animalistas, de músicos, de sustentabilidad y educación en materia de medio ambiente. En Facebook ya hay personas organizadas y organizándose para cambiar viejos patrones a través de nuevos esquemas de cooperación. Buscándole, es muy sencillo encontrar uno donde podamos encajar y empezar a hacer la diferencia más grande: una diferencia en nosotros mismos.

*Publicada originalmente en El Mosquito, agosto 2013
**Imagen tomada de 
http://lamediahostia.blogspot.mx/2011/02/los-nuevos-activistas.html

18 de agosto de 2013

"Es bien bonito ser policía"

Encontrarle la magia a este mundo es todo un arte, sobre todo cuando pareciera que a nuestro alrededor todo se colapsa. En las circunstancias actuales, que a veces ni siquiera entendemos del todo, es muy sencillo caer en la trampa de hacernos un panorama desesperanzador y pensar que nada marcha bien, sentir una gran impotencia por las decisiones y reformas –como la educativa y la energética- que no nos toman en cuenta; dejarnos invadir por la rabia por las injusticias –como la de quitarle a un pueblo entero la posibilidad de defenderse debido a que los que deben proporcionarles seguridad no lo hacen- y ver las noticias solo para caer en la desesperación. Sin embargo, el gran secreto de una vida con inspiración es poder hacer de una experiencia frustrante una experiencia fascinante.  Solo se trata de poner atención.
Por una demora inesperada tuve que hacer tiempo en la caseta de vigilancia de cierto lugar, lo que me dio la oportunidad de echar chorcha con el “poli” del lugar.  Es un hombre de aspecto muy normal, casi prototípico de su profesión, y debo reconocer que al principio se me hizo incómodo que me hiciera la plática (como suelen hacer los “polis”), pero conocerlo me hizo el día y, de hecho, la semana. 
“Poli” tiene una historia fascinante. Rompió el hielo preguntándome si sabía cómo podía darse de alta en Hacienda. “Es que quiero dar unos cursos para policías”, dijo, lo cual me sorprendió.  Me contó que es jubilado -28 años de servicio- fue policía estatal y guardia municipal y ahora se está certificando porque desea fervientemente dar clases en el Colegio de Policía. “Ser policía es bien bonito, aprender los reglamentos es bien bonito”, me decía, aunque para la expresión y el amor con el que lo decía, sinceramente creo que “bonito” es una palabra que le quedaba muy corta. Hablaba de su profesión con verdadera pasión, de esas que se ven pocas veces, y me sentí inspirada profundamente por alguien que, a pesar de su edad y de dedicarse a una profesión tan despreciada hablaba con verdadera devoción sobre lo que es para él servir a la gente. Me sentí injusta por tener tantos prejuicios sobre sus colegas, pero me di cuenta de que me daba mucha esperanza aferrarme a la existencia de gente como él, deseosa de superarse, de salir adelante, de darle algo bueno a la sociedad.
“Yo aprendí mucho en todo este tiempo como policía, tomé muchos cursos y ahora me toca entregar todo ese conocimiento para que le sirva a alguien más”. Fascinante.
Me dio algunos tips para defenderme (legalmente, conste) de los policías gandallas, de esos que te paran con cualquier pretexto y te quieren amedrentar. Son mi tesoro. Se sabe los procedimientos al derecho y al revés. Hasta me contó cómo usaba los argumentos legales para ligar: “le dije a una muchacha que me había dejado de hablar que la demandaría por coartarme la libertad de expresión al impedirme decirle lo bonita que era”. Ya sé, es maletón, pero da una ternura que no me la acabo.
Me contó que sus dos hijos varones también decidieron ser policías. No hay mejor ejemplo de que cuando uno vive con integridad, ese ejemplo arrastra a otros a seguirnos. Me sentí orgullosa.
Definitivamente el mundo no es rosa. Justo esta semana salieron videos de varios policías abusivos en Monterrey y en Chihuahua (y seguramente esto pasó en muchos otros lados, aunque no se difundió). También hay que ver las injusticias que los cuerpos de seguridad cometieron contra los guardias comunitarios de Aquila (sin defenderlos, pero su detención fue irregular y lejana a todo proceso legal). Da coraje, mucho coraje. Pero creo que sería más benéfico enfocar nuestros esfuerzos en aquellos como “Poli”, que aman servir, que aman su trabajo, que desean fervientemente compartir su conocimiento con otros, que desean que la justicia prevalezca. Debería darnos más coraje que sean los podridos los que ocupen los titulares en la televisión y que los buenos, los justos, naveguen en el anonimato, confinados en una caseta de 2 x 2, pasándola “a’i nomás”, luchando por tener la oportunidad de enseñarles a otros, con un gran anhelo de poder inspirarlos también y transmitirles el amor a la camiseta, “porque ser policía es bien bonito”.

 Nosotros tuiteamos: @gildaria23

La charola

Estaba de insomne en twitter cuando vi la denuncia del senador Pancho Domínguez: “Me acaban de robar mi camioneta c/violencia en Coyoacán suburban gris placas UMD2193”, escribió a la 1:36 de la mañana del jueves 8 de agosto. 
Senador Francisco Domínguez
El suceso ya deben conocerlo: él no estaba en la camioneta, las víctimas fueron sus colaboradores Guillermo y César, quienes fueron golpeados, y la denuncia se puso en el Ministerio Público 1 de Coyoacán. Hasta aquí la historia parecía uno de esos relatos más de la vida en el DF (donde, por cierto, también viví un par de años, no hace mucho). Te pegan, te bajan de tu camioneta, así, casual. Lo curioso y que llamó mi atención es que, justo durante ese día,  por ahí de las 7:43 p.m., el panista puso: “Agradezco a las autoridades por el apoyo que nos brindaron, debido al hecho del que fuimos víctimas ayer. La camioneta ha sido recuperada”.
Me da muchísimo gusto que se haya resuelto el robo, porque Pancho Domínguez me cae súper bien desde que le hice una entrevista hace muchos años, antes de que fuera siquiera político. Lo que no me da mucho gusto, e incluso me enfurece, es ver que aparentemente para que en México los ministerios públicos te atiendan de forma eficiente y que hagan su trabajo con rapidez tienes que ser ¡un político!; traer la “charola”, vaya. ¡Qué nefasto!
En 2010 le dieron un cristalazo a mi automóvil en el Centro Histórico y me robaron un smartphone nuevecito (sí, lo dejé en su caja pensando: “es Querétaro, no pasa nada”). Primero llamé a la Guardia Municipal, dos elementos se presentaron y básicamente me dijeron que no podían hacer nada y que si quería denunciar, lo podía hacer en el MP. Les pregunté si no era necesario que ellos me acompañaran o que me dieran sus datos, a lo que dijeron que no, que ellos levantarían en reporte y que el MP tendría acceso a la llamada que yo había hecho y así sabrían quién había acudido. Ya que lo pongo así, de verdad no entiendo por qué les creí.
Pues me fui a la agencia IX, como me dijeron los policías, y no había quién me atendiera. Llegué a las 8 de la noche. No había mucha gente, pero antes de mí estaba alguien que iba a denunciar el robo de una motoneta. Según yo, no había muchos más, pero una señorita me indicó que esperara. No recuerdo a qué hora me tomaron la declaración, pero sí que salí hasta la 1 de la mañana. Me tomó 5 horas poder levantar la denuncia. Recuerdo que la declaración la tomó una persona que me hizo pensar que se trataba de algún asistente del asistente del asistente, porque escribía sumamente mal. A lo mejor mi error fue no mencionar en el MP que en ese momento trabajaba en Gobierno del Estado para que, al menos, me atendieran más rápido.
Total que al fin tomaron mi declaración y salimos de madrugada. Días después, mi marido llevó el coche a que le hicieran un peritaje donde tomaron huellas y dijeron que se reportarían. Sigo esperando. Solicité los videos de las cámaras de seguridad de la calle donde ocurrió el robo. Envié oficios, un par de semanas le di seguimiento, pero no pasó nada.
Por eso la gente no denuncia: parece que no lo vale. El tiempo y recursos que uno invierte en ser siquiera atendido no compensa los resultados (porque normalmente en estos casos “menores” no los hay). Pero, claro, si a todos nos atendieran como si fuéramos senadores, muy probablemente habrían agarrado al ratero en ese mismo instante, yo tendría mi teléfono y hasta se habría desmantelado una red completa de robo a vehículos en el centro de la ciudad.
Es este tipo de cosas las que nos roban la fe en el sistema, que nos hacen rabiar contra los políticos y que a ellos les hacen pensar que efectivamente las cosas marchan bien, como ellos dicen. Pues sí, ¿cómo van a saber cómo es en verdad poner una denuncia, si no tienen que hacer fila? ¿Cómo van a saber cuánto cuestan las cosas, si a ellos se les da todo? No tienen idea porque viven una realidad diferente. Ellos viven en colonias de calles sin baches, con exenciones y descuentos en sus impuestos, no pagan su gasolina, tienen chofer, no necesitan el transporte público, les recogen la basura, les pagan sus comidas y les devuelven sus camionetas cuando se las roban. Por eso debemos creerles cuando nos dicen que todo va de maravilla: para ellos, así es.

10 de agosto de 2013

“No es de dios”

Me dijeron que comenzara esta participación presentándome, así que ahí va: Soy queretana, queretanísima… por adopción. Sí, soy de esa multitud que llega, camina por el Centro Histórico de Querétaro, se enamora a primera vista y dice: “quiero vivir aquí”. No los culpo. A mí me pasó cuando iba a comenzar a estudiar la carrera de comunicación, vine aquí a hacerlo y me quedé a ejercer el periodismo, lo que me obligó a recorrer la ciudad, primero, y luego el estado; cosa que me llevó a conocer múltiples personajes, historias, anécdotas y a desarrollar una curiosidad infinita por lo que sucede aquí, en este lugar donde llegan personas de todos lados y de todo tipo. Yo sí me apropio de ese discurso político (medio ñoño, pero cierto) y me considero afortunada (para no decir suertuda, no vayan a decir que estoy vendida) de poder hacer mi vida aquí.
Pero no todo es miel sobre hojuelas; igual que la mayoría, me indigno cuando las cosas no van bien. Cuando pasan esas cosas que, no importa si eres queretano o no, te remueven la entraña, te hacen despotricar (aunque sea en “tuiter” o “feisbuc”) y te hacen exclamar un sentido: “no es de dios”. Yo también me subo a los camiones y pienso que ponerles “güifi” o aplicar una tarjeta de prepago no es la solución a su compleja problemática, porque por más que uno pase el dichoso dispositivo, eso no garantiza que bajen el volumen a sus bocinotas con la-la-la-la-zeta (y no es que me moleste el género, es que cualquier música en volumen estridente es fastidiosa y molesta). Porque a veces parece que la posibilidad de conectarnos a internet desde el colectivo, en realidad es una artimaña orquestada para distraernos y evitar que notemos que atravesar la ciudad de extremo a extremo toma más de hora y media (y en algunos casos varios trasbordos con sus respectivos $6.50 cada uno). Porque no hay tarjeta que evite que los choferes se peleen el pasaje (como me pasó una vez en un camión de la ruta R, que casi choca con uno de la 46 y que denuncié con número de concesión, hora y descripción detallada en un tuit, pero se me exigió acudir personalmente a las oficinas de Transporte para ratificar la denuncia, cosa que –mea culpa- no pude hacer por falta de tiempo… y de ganas, pues, pero esa es otra historia). Porque aunque el cobro sea moderno, no sé si eso evite el sobrecupo, como sucede en la ruta B cuando la tomas en la Obrera a las 7 a.m. o a las 6 p.m. y que provoca accidentes lamentables, como esa vez que el conductor le atrapó una mano a un pasajero que iba colgado de la puerta, causándole una herida considerable y al que todavía tuvo la desfachatez de gritarle: “¡pues para qué puso la mano ahí!”. Sí, yo también me enojo cuando estas cosas pasan (y me pasan), pero la idea es usar estos espacios para hablar de ello y encontrar formas de hacer algo, aunque sea solo otro ciudadano de a pie.

Hállame en “tuita”: @gildaria23

**Colaboración publicada en El Mosquito, Querétaro, el domingo 4 de agosto de 2013.

21 de junio de 2012

Harvey Dent...

A veces me siento partida completamente en dos... estoy en un punto de mi vida, donde me observo desde afuera y veo en mí dos extremos que parecen irreconciliables: por un lado estoy yo con mi caparazón, caminando por la vida como si fuera así de sencillo, alzando la voz, pisando fuerte, determinada, guerrera, alegre, vivaracha, con toda la gente a mi alrededor diciendo: eres súper fuerte, súper segura, sin que sepan que, del otro lado, atrás de esa imagen está esa parte de mí que es miedosa, que es insegura, que es carente, que teme más que nada al rechazo y al abandono, que tengo miedo de que no me quieran como soy: sensible, llorona, temerosa, frágil, con una insaciable necesidad de reconocimiento y de apapacho...
Y aunque me costó enorme trabajo poder verme así, tal cual, con mis dos extremos (hasta tuve que hacer una maestría para que me cayera el 20, ja!) la parte difícil hoy en día es: y cómo los reconcilio?
Mi yo "fuerte" pasó muchos años rechazando a mi yo sensible... odiando a esa miedosa oculta bajo la máscara... pero no se puede ignorar lo evidente (y seguro que de seguir haciéndolo podría no acabar bien) y la realidad está ahí, con esas dos caretas tiradas en el suelo, una junto a la otra, pero en el espejo no alcanzo a adivinar el rostro que quedó debajo o a lo mejor únicamente se trata de que no me reconozco porque, aunque siempre he estado ahí (obvio!) nunca me había mirado tan auténticamente como hoy...
Vaya, pues, junto con esta confesión, una disculpa por adelantado... si mi lado duro explota a la menor provación o si estallo en llanto ante el mínimo roce de una fibra sensible, resulta que mis dos extremos están expuestos como nunca antes y todavía no aprendo a conciliarlos...