Por circunstancias de la vida llevo un par de días (este es literalmente el tercero) trasladándome en transporte público. Pese a que mucha gente se queja y normalmente juzga la situación de incómoda, la realidad es que andar en la calle a pie es algo que disfruto mucho.
En estos dos días he tenido ya una serie de experiencias que no suelen ocurrir cuando uno va solo en su auto. La mejor de ellas ha sido el gesto de generosidad que tuvo hoy una mujer, Esther, quien me dio amablemente los $8.50 que cuesta el camión cuando notó mi confusión al darme cuenta de que se me habían caído los $50 que traía para el pasaje. De entrada, me dio muchísima pena aceptarlos... No podía creer que una extraña estuviera dándome dinero así como así... Pero sí, así era: desinteresadamente pagó por mi pasaje y yo no pude más que darle gracias a ella y a Dios por sentar la junto a mí. Qué hermoso privilegio el de poder recibir un gesto así.
Durante el breve trayecto (Yo me bajé antes) pude saber de ella que trabaja en un albergue para niños maltratados y en situación de calle. Me hizo mucho sentido. Me dijo que ahí se ven tantas cosas "que detalles como este son nada". Coincidí.
¡Esto es lo que extrañaba de la calle! ¡Este es el infinito gozo que encuentro en ella!
Qué felicidad volver a ella... qué emocionante volver a ser peatón; bienvenidas sean las experiencias.
29 de junio de 2016
La calle
4 de junio de 2016
Prueba de rutina
Se confesó con ella: "te amo", le dijo, y como una presa que se rompe salieron a borbotones todo tipo de historias, sueños, canciones... Era bello compartirlo todo: la tinta, el estado de ánimo, el impulso de salir corriendo y hasta el deseo de ser alguien más.
"¡Qué ganas de aburrirme contigo!, de que pasen los días y nos caiga la edad encima, de discutir por la ropa sucia o de cansarme de ti por ser tú. Quiero que me pase eso contigo... Que nos pase juntos... anda, di que sí ".
Y su vida fue tan real como la de cualquiera. Un amor a prueba de rutina.
"¡Qué ganas de aburrirme contigo!, de que pasen los días y nos caiga la edad encima, de discutir por la ropa sucia o de cansarme de ti por ser tú. Quiero que me pase eso contigo... Que nos pase juntos... anda, di que sí ".
Y su vida fue tan real como la de cualquiera. Un amor a prueba de rutina.
21 de enero de 2016
Catarsis... sobre un tipo de violencia del que a veces ni cuenta nos damos.
Domingo 9 de marzo de 2014.
32 semanas de
gestación en ese momento.
10:15 am Llegué con
mi esposo al Centro de Congresos para una sesión de fotos de embarazo y
espontáneamente se me rompió la fuente, sin razón alguna. Llamé a mi ginecólogo
y me pidió verme en su consultorio en 20 minutos.
10:45 am Llegamos al
consultorio en el Hospital Ángeles. Después de revisarme, el médico confirma
que hay ruptura prematura de membranas (RPM) y me recomienda que si no tuviera
un seguro de gastos médicos mayores mejor me fuera al Hospital de
Especialidades del Niño y la Mujer, pues por lo prematura de la niña era
posible que requiriera incubadora y dependiendo del tiempo que estuviera
hospitalizada (cosa que era imposible predecir) el costo en un hospital privado
sería incosteable.
11:30 am Ingresé por
el área de urgencias al Hospital de Especialidades del Niño y la Mujer (HENM) y
me recibió un médico que no me dijo su nombre (ninguno lo hizo de ahí en adelante).
Me hizo un tacto vaginal (que según lo que he investigado no es recomendable en
caso de RPM) y determinó que era necesario mi ingreso. Me pasan al área de
urgencias y comienzan con el tratamiento para la maduración de pulmones, que
según él me informó consistía en dos inyecciones de un tipo de cortisona que
debían ponerse cada 12 horas (eso me dijeron en un principio). Una vez ahí,
pedí ir al baño y me dijeron que no debo levantarme por la condición en la que
estaba y que traerán un “pato” para que pueda orinar acostada.
1:30 pm Llegó una
enfermera que por fin me puso la inyección de maduración. Me dijo que no había
encontrado ningún “pato”, que no había disponibles, así que después de un largo
rato de aguantar (no estoy segura cuánto tiempo pasó), me dice que si me urgía
tenía que ir a pie, así que me cambió de cama a una que estuviera más cerca del
baño. Fui sola al baño, caminando, y regresé a la cama.
Como no hay relojes
ni permiten el uso de celulares o dispositivos (me los recogieron al ingresar),
me mantuve consciente del tiempo a través del radio que se escucha a lo lejos.
La verdad es que no recuerdo del todo cuántas horas pasaron, pero estuve un
buen rato en esa sala de espera para ser ingresada a lo que ellos llaman “toco”
(tococirugía).
Por la tarde/noche me
dijeron que ya me moverían a “toco”, me pasan a una camilla y cuando llegamos,
riéndose el camillero me dijo: “mire, la voy a poner aquí para que vea lo que
le espera en primera fila”, y me colocó en una camilla justo enfrente de una mujer
que estaba dando a luz de parto natural. Después me di cuenta que no está bien
que las mujeres tengan así a sus hijos, ya que hay salas de expulsión
especiales y esta área es únicamente de espera y tránsito, sin embargo,
atestigüé al menos dos partos más en esta zona. Además, en un parto posterior,
a una mujer que estaban haciéndole la limpieza final que le realizan al útero
(procedimiento que es muy doloroso, según lo que vi) el médico le preguntaba si
quería algún método anticonceptivo o que le pusieran el dispositivo de una vez,
a lo que ella se negó retorciéndose del dolor. El médico le dijo: “¿Siente cómo
le está doliendo? Así le va a seguir doliendo si no se cuida; además, ya tiene
cinco hijos”, pero la señora se mantuvo en la negativa, pese al dolor. Este
tipo de presión por asumir algún método anticonceptivo es persistente. Lo
preguntan mucho, muchas veces, pero no dan verdadera información sobre las
ventajas o desventajas de las opciones que ofrecen.
Una vez en “toco”, se
me acercó una enfermera que me inyectó medicamento. Mientras estuve despierta
(casi todo el tiempo), siempre pregunté qué me ponían, pues ellos (médicos,
residentes y enfermeras) llegan y no se presentan, no dan su nombre, no
explican, no avisan, ni preguntan nada. Específicamente esa enfermera me puso
antibiótico, indicado por la posibilidad de infección dada la RPM. Este
medicamento me lo ponían cada 8 horas.
Mientras estuve ahí,
cada hora venían residentes a revisarme y siempre me hicieron tacto vaginal, a
veces fueron más de dos en una hora. Algunos de ellos usaron gel lubricante en
los dedos, cosa que posteriormente supe era incorrecta, pues aumenta el riesgo
de infección.
Durante el tiempo que
estuve ahí no tuve acceso a agua o alimento alguno y estuve todo el tiempo en
una camilla del tipo de las que se usan para emergencias, con la incomodidad
que esto representa.
Por la tarde me
comunicaron que por fin me subirían a piso, porque ya había espacio. Me
trasladaron, aunque tuve que estar un rato en un pasillo, ya que tenían que
terminar un trámite y de desocupar la habitación.
Ya en la habitación,
le comuniqué a un doctor mi preocupación ya que no sentía movimientos de mi
bebé, me revisó y me dijo que no me preocupara, que sí había latido fetal y que
me dejaría un monitor para que estuviera tranquila. Mientras trajeron el
monitor pude cenar algo (dieta blanda, o sea, gelatina, atole y flan) y por fin
tomar agua.
Por la noche, vino
otro médico y me preguntó por qué tenía un monitor fetal, que él iba a
necesitarlo. Le dije lo que había dicho el otro médico y revisó el informe que
imprime el aparato. Me preguntó si había sentido dolor, a lo que respondí que
no, que todo estaba bien; me dijo que la máquina indicaba que existían
contracciones y que mejor me volvía a bajar a “toco”, así que lo ordenó a las
enfermeras y me llevaron nuevamente para allá, donde estuve el resto de la
madrugada.
Lunes 10 de marzo
Durante la madrugada
del lunes me volvieron a dejar en una camilla de emergencia en “toco”. Estuve
todo el tiempo preguntando la hora, ya que el primer médico me había dicho que
la inyección de maduración era para cada 12 horas, por lo que no quería que se
pasara mi segunda dosis (que según mis cuentas me tocaba a la 1.30 de la
mañana, aproximadamente). Llegada la hora, le pregunté a la enfermera si me la
aplicaría y, para mi sorpresa, me dijo que el medicamento no estaba indicado en
sus instrucciones. Le pedí que verificara y pasó algún tiempo, cuando vino otra
enfermera me dijo lo mismo. Les exigí que verificaran, pues la indicación de
doctor había sido clara y necesitaba el medicamento para lograr la maduración,
a lo que solo me respondían que no estaba indicado. Finalmente, una de ellas
trajo a una doctora, quien me informó que inicialmente me habían puesto una
dosis de un medicamento diferente al que mencionó el primer doctor y que éste
era de una dosis cada 24 horas, por lo que todavía tenía que esperar. Agradecí
la explicación.
Nuevamente pasé un
tiempo ahí, sin agua ni alimento. Especialmente me molestaba la falta de agua,
pues entendí que lo del alimento es en caso de que me tuvieran que anestesiar
de emergencia, pero según sé sí es posible beber algo de agua.
Pasó el tiempo y nadie
avisó a mis familiares que me habían vuelto a bajar a “toco”, así que a las 11
de la mañana del lunes, a la hora de la visita, mi esposo se encontró solo una
cama vacía y tardó tiempo en encontrar quién le informara a dónde me habían
llevado, así como mi estado de salud.
Mientras tanto, le pedí a una enfermera que me proporcionara papel y lápiz para poder escribirle un mensaje a mis familiares. Les escribí que estaba bien, que no había comido y que me habían vuelto a bajar a “toco”. Le pedí a una trabajadora social que se los entregara para que estuvieran tranquilos, pues yo estaba segura de que nadie les había avisado que nuevamente estaba en urgencias, cosa que era verdad: afuera tardaron en enterarse.
Mientras tanto, le pedí a una enfermera que me proporcionara papel y lápiz para poder escribirle un mensaje a mis familiares. Les escribí que estaba bien, que no había comido y que me habían vuelto a bajar a “toco”. Le pedí a una trabajadora social que se los entregara para que estuvieran tranquilos, pues yo estaba segura de que nadie les había avisado que nuevamente estaba en urgencias, cosa que era verdad: afuera tardaron en enterarse.
Según recuerdo, me
volvieron a llevar a piso, aunque no recuerdo bien a qué hora. Me pusieron en
la misma habitación que la primera vez, donde ya pude almorzar y, al fin, descansar
en una cama.
Por la tarde, me
volvieron a poner la maduración pulmonar y no tengo muy claro lo que pasó, pero
imagino que pasé ahí la noche completa, porque no recuerdo otro incidente.
Martes 11 de marzo
En algún momento del
día martes 11 de marzo me trasladaron nuevamente a “toco”, esta vez sí para
esperar que se desocupara un quirófano para realizar la cesárea. Según lo que
me dijo mi médico posteriormente, tenía que ser preferentemente así pues la
bebé era muy pequeña como para resistir un parto natural y podría sufrir más
daños. Sin embargo, a mí en el hospital nadie me dio opciones, ni me habló de
los riesgos ni de las posibilidades. Simplemente asumí que sería cesárea por lo
que me decían (que la larga espera era para que hiciera efecto la maduración y
para que se liberara un quirófano para la cirugía). No di mi consentimiento
explícito porque nadie me lo pidió, al menos no lo recuerdo.
Después de un rato en
“toco” (todo el día, prácticamente), dada la cantidad de horas ahí y la
incomodidad de haber sido puesta nuevamente en una camilla de emergencia, llegó
un momento donde me sentí muy cansada y con dolor de espalda (me daba miedo
dormirme, ya que de lo estrecho de la camilla me daba miedo caerme), así que me
senté unos minutos. En ese momento llegó un médico especialista, sin dar su
nombre -para variar-, rodeado de jóvenes residentes y me dijo que si nadie me
había dicho que tenía ruptura de membranas y que no podía estar sentada. Le
respondí que la verdad estaba muy incómoda y que no podía mantenerme acostada
ahí, porque además estaba cansada y sin comer ni beber nada, a lo que él respondió
de manera muy grosera que yo estaba ahí porque no tenía dinero y porque no me
alcanzaría para pagar el costo de atención de mi parto y del cuidado de mi bebé
en un hospital privado donde, por lo menos, me costaría 5 mil pesos diarios,
con suerte. Me dijo algo como: “¿sí sabe que está aquí porque no le alcanza
para eso, verdad?”. Todo esto lo hizo frente a sus estudiantes, cosa que para
mí fue muy humillante, pues su tono fue totalmente agresivo y burlón.
Más tarde, una vez
que me repuse del mal rato, pedí que me dieran el nombre del médico, pero nadie
me lo quiso dar. Al poco tiempo, el mismo médico apareció y en un tono más
amable me dijo que me buscaría un lugar más cómodo y la posibilidad de comer
algo. Posteriormente, me cambiaron a una camilla un poco más grande, pero nada
más.
Miércoles 12 de marzo
Pasé todo el día y
gran parte de la noche del martes en la camilla, hasta que, al fin, ya en la
madrugada del miércoles 12 de marzo me avisaron que se había liberado un
quirófano. Según el reloj del lugar, entré rayando las 2 de la mañana. Me
prepararon muy rápido, una enfermera me rasuró el vello púbico sin el menor
cuidado (la verdad sí fue muy incómodo) y me pusieron la anestesia. En un
tiempo breve, no más de 5 minutos, sentí un poco el efecto de la anestesia,
aunque todavía tenía sensación. El doctor procedió a comenzar la cirugía y la
verdad ha sido la peor sensación de mi vida. Sé que no sentía en sí dolor, pero
la sensación de jaloneo, cortes, movimiento, fue en verdad espeluznante,
insoportable en exceso. Comencé a llorar y a gritos le dije al doctor que
sestaba sintiendo horrible, pero tanto el anestesista como él me decían en tono
de regaño que cooperara, que no me moviera, que no era posible que sintiera
nada y menos dolor, que si fuera dolor no lo aguantaría. En algún momento el
anestesista me vio con algún artefacto en la mano (no recuerdo si una jeringa o
una mascarilla) y me dijo molesto algo como: “¿quieres?, te anestesio pero tu
bebé va a nacer sin respirar, ¿eso quieres?” y entre él y el doctor me repetían
cosas para que no me moviera, porque si no podría afectar a mi bebé.
Emma nació a las 2:10
de la madrugada. Solo oí un llanto muy leve, casi imperceptible. Vino un médico
y me la mostró unos breves segundos y se la llevó. Ahí perdí el conocimiento.
Cuando desperté, ya
estaba en una camilla otra vez en “toco”, pero esta vez rodeada de muchas más
mujeres, la mayoría de ellas recién paridas y la gran mayoría acompañadas de
sus bebés. Todas ellas incómodas, en camillas, haciendo espacio para sus hijos
y alimentándolos, pese a que no hay acceso a agua ni alimentos en esta sala de
espera y recuperación.
Lo primero que hice
fue preguntar por la salud de mi bebé, sin embargo, nadie me dio informes. Las
enfermeras decían que el único que puede proporcionar informes es el pediatra,
por lo que les pedí que lo llamaran, a lo que me dijeron que lo checarían, pero
nada más. Durante el tiempo que estuve ahí (todo el resto de la madrugada del
lunes y la mañana) me visitaron enfermeras, trabajadoras sociales, médicos
(ginecólogos), pero nadie me dio informes sobre el estado de salud de mi bebé.
Junto a mí había otra
mujer que, como yo, era de las pocas que no tenía a su bebé consigo. Ambas
presionamos para que nos dieran informes, pero nadie nos dio alguna respuesta.
A mí me subieron a
piso en algún momento entre la mañana y el mediodía. Ya en piso, nuevamente
pregunté por mi hija a todos los múltiples visitantes (residentes, médicos,
trabajadores sociales y enfermeras), sin obtener de ellos alguna respuesta de
ningún tipo. De hecho, en un momento entró una enfermera y me preguntó por mi bebé.
Le respondí que no sabía –era verdad- y en tono alterado, como de regaño, me
dijo: “¡¿Cómo que no sabe?!”, a lo que le respondí que nadie hasta ese momento
se había dignado a darme algún dato o informe, que si por favor ella podía
hacer algo al respecto porque no había sido por falta de interés. Más tarde
llegó una trabajadora social; cuando le reclamé y le exigí que me diera algún
dato sobre el estado de salud de mi bebé, me respondió muy altanera y enojada:
“Ese no es mi trabajo”.
Recibí la primera noticia
sobre el estado de salud de Emma catorce horas después de haber dado a luz, a
las 4 de la tarde y de boca de mi mamá, hasta la hora de visita. Hasta ese
momento, nadie del hospital me dio información o datos específicos. Solo pude
saber su condición por lo poco que mi madre sabía; ella, por políticas del
hospital, no pudo entrar a verla, así que lo que me dijo era por lo que escuchó
de segunda mano de mi esposo, que era el único con acceso autorizado a la bebé.
Supe que estaba “delicada”, en incubadora y nada más. No sabía sus expectativas
de vida, su estado al nacer, incluso no sabía cuándo la vería.
Ya un poco más
tranquila, mi enfoque estuvo en poder levantarme al día siguiente para poder
ver a mi bebé. Tenía que ir durante las horas de visita, así que a la mañana
siguiente, con todo y el dolor de la cirugía recién hecha, me levanté y caminé
a verla. Para ver a los bebés hay que hacer fila para registrarse. En el lugar
hay sillas insuficientes, así que todas las mamás recién operadas o paridas tienen
que esperar, de pie, con el dolor que esto implica, para poder pasar. Una vez
dentro, tampoco hay sillas, por lo que hay que inclinarse sobre la incubadora,
lo que es doloroso e incómodo, muy desgastante, aunque todas lo hacemos sin
chistar pues porque la prioridad es poder ver a nuestros hijos. Ahí, tampoco
nadie explica, salvo que esté presente el pediatra, cosa que no sucedía en
todos los turnos.
Poco a poco vimos que
la niña se recuperaba y todas nuestras energías estaban puestas en eso, por lo
que casi olvidé por completo todo el proceso vivido, que fue muy traumático.
En mi primer baño
después de la cirugía, me di cuenta de que me hicieron una incisión vertical,
que me dejó una cicatriz horrible, chueca, muy irregular. Ahora sé que esas
incisiones solo están recomendadas en casos especiales, como placenta previa,
cosa que no presenté.
Yo fui dada de alta
el viernes 14 de marzo. Mi hija salió del hospital el 23 de marzo. Ahí terminó
la pesadilla que fue vivir este proceso en el Hospital de Especialidades del
Niño y la Mujer.
7 de octubre de 2015
Desde cualquier lugar....
Me acabo de dar cuenta de que estoy bien burris... Pues si esto se puede editar desde el teléfono, ¿por qué no hacerlo? Soy nostálgica, quizá, porque me gusta sentarme y escribir casi casi que en papel y luego transcribir, pero los tiempos ya son otros, así que toca moverse hacia otras formas. Ya sé que suena tonto, pero de verdad sí tengo que acostumbrarme.
15 de diciembre de 2013
Por la puerta de atrás
Esta semana el tema más abordado (al menos
en redes sociales) fue la aprobación de la Reforma ninguno prosperó).
Energética. Dicha aprobación
tuvo lugar en “lo oscurito”, con dos discusiones nocturnas, primero una con los
senadores y la siguiente con los diputados. Ésta última tuvo lugar justamente
la noche y madrugada entre el 11 y el 12 de diciembre, cuando muchos mexicanos
se encontraban festejando a la Virgen de Guadalupe, cosa que fue tomada como
una estrategia pensada justo de esa forma, para evitar que la gente estuviera
al pendiente de lo que estaba sucediendo a medianoche y gran parte de la
madrugada (yo me dormí a las 4.30 a.m. y seguían desfilando diputados y
diputadas de los partidos de izquierda, que fueron los únicos que votaron en
contra, intentando que se aceptaran ciertas reservas sobre lo aprobado, y
Otra crítica que recibió esta discusión,
fue el hecho de que al día siguiente, el jueves, se jugaría el partido de ida
de la final del futbol mexicano entre América y León, lo cual fue tomado como
un distractor más que evitaría que la gente pusiera atención a la actuación de
los legisladores. Teorías van y vienen, mientras tanto, la reforma ya fue
aprobada, sin que aparentemente pudiéramos hacer mucho para evitarlo, así
hubiéramos estado pendientes de la discusión a través del Canal del Congreso.
Simple y sencillamente la aplanadora del PRI-PAN con ayuda del PANAL y el Verde
Ecologista arrasó con cualquier posibilidad de oponerse o, por lo menos, de
generar debate sobre el tema.
El siguiente paso fue la aprobación en los
congresos locales y, fieles a su costumbre, los legisladores queretanos
quisieron ser los primero en aprobar la Reforma en el ámbito local. No lo
lograron, les ganó Chiapas, pero durante el proceso de aprobación un grupo de
ciudadanos inconformes se plantó en las instalaciones de la legislatura, cuya
entrada principal está en 5 de Mayo, para manifestarse en contra y pedir que se
echara para atrás el proceso. Por supuesto, se les contuvo, pero se rehusaron a
moverse y esperaban la salida de los diputados para, por lo menos, ser vistos
por ellos y manifestarles su inconformidad, pero no contaban con que éstos
huirían, comportándose como delincuentes, buscando escape por la nada elegante
puerta de atrás.
Pero, en su huida, se dieron cuenta que esa
puerta, parte de un edificio histórico y patrimonio cultural de la humanidad,
como todos los edificios que se encuentran en el centro, estaba empotrada y con
candado, ante lo que, sin considerar nada más que su necesidad de escapar,
rompieron la puerta así como así, con ayuda de elementos de la Policía Estatal,
para poder salir sin tener que enfrentarse a los ciudadanos que pedían verlos
cara a cara. Vaya simbolismo el de esta acción: el pueblo se organiza y se
manifiesta, así que a puerta cerrada los legisladores hacen su voluntad sin
debate ni discusión (la aprobación no tomó más de 40 minutos) y después, para
evitar dar la cara a sus representados, salen con la cola entre las patas por
la puerta de atrás. ¿Qué nos dice esto sobre su calidad moral? Como dicen por
ahí: es pregunta.
Y como esa, quedan muchas preguntas en el
aire: ¿qué habría pasado si los que hubieran roto esa puerta fueran ciudadanos?
¿Se les habría dejado ir tranquilamente, como pasó con los diputados? ¿Quién
dio la instrucción de romper la cerradura? ¿Y quién autorizó que así se
hiciera? ¿Se les considerará “vándalos” a los policías y legisladores que
participaron? ¿El INAH sancionará a la legislatura? ¿Qué argumento sostendrán
los diputados para justificar su acción? ¿Les vamos a creer? Y, lo más
importante, ¿con qué cara nos van a hacer frente ahora a los ciudadanos? ¿Se ha
vuelto tan vergonzoso ser diputado? Qué pena y qué lástima que ellos mismos no
se respeten.
Hasta ahí dejo el comentario sobre el
trabajo legislativo, pero quiero hacer una última mención sobre todo el
“reconocimiento” que se le ha dado al diputado federal Ricardo Anaya (y muchos
aquí lo destacan por el simple hecho de ser queretano, qué bodrio), por la
forma en la que condujo la sesión en la que fue aprobada la Reforma (misma que
duró 20 horas). Yo lo único que vi fue a un hombre que cínicamente se dedicó a
reírse de sus compañeros diputados, que no pudo impedir que un diputado se
desnudara en la tribuna, que no hizo nada cuando a otros diputados les gritaban
“mucha ropa, mucha ropa” y que más que presidente de la Cámara parecía
presentador de circo, porque no fue más que eso, un circo, una simulación, en
la que su sonrisa cínica solo nos dio el mensaje: “no importa lo que aquí pase,
este arroz ya está cocido desde hace mucho”. Insisto, vergonzoso.
Publicado en El Mosquito el 15 de diciembre de 2013
Imagen: tomada de El Mosquito
Imagen: tomada de El Mosquito
10 de diciembre de 2013
Malabarismos
Es un
completo cliché, pero en serio esto pasa solo en México: Vivimos en un estado donde, por
un lado, los mismos legisladores se jactan de aprobar una ley que prohíbe los
espectáculos circenses con animales y, por el otro lado, exaltan la fiesta
brava elevándola a nivel de “patrimonio”. Simple y sencillamente no hay
congruencia.
Apenas en
diciembre del año pasado se publicó en el número 77 del periódico
oficial La Sombra de Arteaga el decreto en el que se determina que la fiesta
brava es “patrimonio cultural inmaterial del estado”. En dicha publicación se
justifica la decisión argumentando que refleja la “identidad cultural y social”
de los queretanos. Incluso se estableció el tercer fin de semana del mes de
mayo, para la celebración de un festival para conmemorar esta “tradición”.
A casi un año de la aprobación de dicho decreto, ahora los
diputados locales se promovieron con bombo y platillos por ser los primeros en
aprobar una modificación a la Ley
de Protección Animal que impida la presentación de espectáculos de circo en los
que se presenten animales. El argumento principal fue que no puede permitirse
el maltrato que sufren los especímenes que pertenecen a estos sitios y se
difundió viralmente una imagen ensalzando el hecho de que somos el primer
estado en formalizar dicha prohibición junto con el hashtag #CircosSinAnimales.
¿Cómo
pueden convivir ambas cosas en un mismo marco legal? Se es, o no se es y los
argumentos para justificar por qué una cosa sí y la otra no son risibles, como
en el caso del diputado Marco Antonio León quien dijo que “hay que aprender a
discernir” porque el circo es maltrato y los toros, arte. Así, sin más. Qué
pobreza argumentativa.
Por ahí hay
voces que señalan que quizá todo esto tiene que ver, entre otras cosas, con
darle gusto al Gobernador José Calzada, quien tiene una conocida preferencia
por la fiesta brava (incluso fue fundador del grupo “Forcados Queretanos” en su
juventud). Además, Querétaro alberga a una gran mayoría de las ganaderías más
importantes del país, mismas que manejan junto con todos los vinculados al
negocio taurino un ingreso a nivel local que representa en total 657 millones
de pesos anuales. Y bueno, como botón de muestra de la influencia de este tipo
de empresarios tenemos al “Pollo” Torreslanda, además miembro activo del PRI.
¿Serán estos los intereses que no quieren atacar?
En estos
términos políticos y económicos, aparentemente los circos con animales no son
tan importantes para nadie, salvo para los nostálgicos que recuerdan cómo fue
que en estos lugares conocieron por primera vez un león o un elefante en vivo y
a todo color. Bueno, y para los empresarios circenses, claro.
Definitivamente
se puede argumentar mucho a favor y en contra de ambas posturas y ciertamente
la discusión podría tener muchos matices. Pero el punto no es ese. El punto es
que los legisladores no definen claramente sus criterios, hacen cosas que
aparentemente solo tienen como fin atraer cobertura mediática y cuando se les
cuestiona al respecto no dan las suficientes evidencias para poder defender sus
actuaciones.
Por
supuesto que la aprobación de esta modificación a la Ley de Protección
Ambiental es un gran triunfo para prevenir y evitar el maltrato a otros seres
vivientes, en este aspecto no hay ninguna duda. Pero haber dado este paso es
igual a haber puesto un pie en un lado de un abismo y tener el otro muy, muy
atrás, en un lado completamente opuesto. Los diputados están en este
malabarismo, haciendo equilibrio, tratando de mantenerse estables a pesar de la
contradicción. Los que estamos abajo, observándolos, nos imaginamos todo el
tiempo qué pasaría si de pronto cometieran un pequeño error y entonces pudieran
caer. Lo que todos sabemos de cierto, es que el acto algún día tiene que
terminar, ya sea porque caigan, ya sea porque el circo tenga que cambiar de
temporada y entonces tengan que llegar otros malabaristas a continuar el show.
Lo que también sabemos es que el espectáculo es muy malo (lo que le sigue) y su
puesta en escena no nos divierte para nada porque en este circo los maltratados
nunca son los que entretienen en él, sino el público que los observa.
*Publicado el 8 de diciembre en El Mosquito
**Imagen tomada de Twitter.
Se pasan de optimistas
El pasado viernes, el escritor Mario Vargas Llosa sostuvo
una reunión privada con el presidente Enrique Peña Nieto, sobre quien ha hecho
algunos comentarios positivos previamente.
El 7 de octubre, Andrés Oppenheimer publicó en su columna en
el diario Reforma una entrevista con el autor peruano, titulada “El optimismo
de Mario Vargas Llosa”. Hacia la parte final del texto, Oppenheimer escribió
sobre la respuesta que el escritor le dio al preguntarle sobre México y el
partido gobernante en turno.
Textualmente, ese fragmento dice: “Cuando le pregunté por
México, y el regreso del PRI al poder, Vargas Llosa dijo que ve al Presidente
mexicano, Enrique Peña Nieto, ‘mucho mejor de lo que yo esperaba’. Agregó que ‘el
PRI que ha subido con Peña Nieto es un PRI que ha sabido aceptar el juego
democrático’ y que algunas de sus reformas ‘están muy bien orientadas’.”
No sorprende que Oppenheimer le haya puesto el calificativo
de optimista al escritor, quizá como una forma de cuestionarlo sutilmente,
precisamente porque lo que falta en México
es optimismo debido a la incertidumbre que provocan las posibles
consecuencias que tendrán las reformas que entrarán en vigor el próximo año, aunque hayan sido alabadas
por el escritor.
No se puede ser tan optimista en el país de los “gasolinazos”,
donde pagamos una de las gasolinas más caras del mundo. No nos vayamos con la
finta. Si comparamos en términos brutos, la gasolina en México es de las más
baratas del mundo: 12.02 pesos por litro. Sin embargo, si lo comparamos con el
ingreso diario promedio de los países con gasolina "más cara",
veremos que en Noruega, por ejemplo, un litro de gasolina representa tan solo
un 0.9% de ese ingreso, mientras que en México el porcentaje es del 18.46%. Eso
da una idea del golpe que significa el consumo de combustible para los ingresos
de una familia. ¿Dará la reforma energética una solución a esta problemática?
¿Pararán los “gasolinazos”? Honestamente, lo dudo.
Cuánta esperanza se puede tener en un país donde el “juego
democrático”, como lo llama Vargas Llosa, implica que los partidos negocien la
aceptación o no aceptación de las reformas no por lo conveniente para la
ciudadanía, sino por la repartición de un mayor presupuesto federal, como
sucedió con el “fondo de capitalidad”. Respecto a este fondo, el secretario de
Hacienda, Luis Videgaray, reconoció que negociaron cinco acuerdos para asegurar
que los miembros del PRD en la Cámara de Diputados aprobaran la reforma fiscal y
del paquete económico 2014. Estos acuerdos incluyen diversos beneficios para el
Gobierno del Distrito Federal, que incluye no gravar con el Impuesto al Valor
Agregado (IVA) a los espectáculos, como las corridas de toros, conciertos y
partidos de futbol, entre otros. Además, Videgaray acordó crear un fondo de
capitalidad, es decir, un presupuesto extra para el DF de 3 mil millones de
pesos, más 700 millones para el Fondo de Aportaciones para la Infraestructura
Social (FAIS). Es entonces pertinente preguntarnos qué papel pueden tener los
ciudadanos en este “juego democrático”, donde las decisiones se toman entre
partidos, definidos a través de sus intereses y no los de sus representados.
Y cómo mantener la confianza en las instituciones en este
país en el que un partido como el PAN propuso la creación del Instituto
Nacional Electoral para sustituir al Instituto Federal Electoral y a los 32
institutos equivalentes en cada entidad con la supuesta intención de que tenga
autonomía constitucional y de evitar que la dependencia de los institutos
locales al presupuesto estatal los haga vulnerables a los deseos del gobierno
en turno (como menciona Adrián Trejo en un comentario para El Financiero). Sin
embargo, el INE dependerá en presupuesto del gobierno federal en turno, luego
entonces ¿eso no lo haría vulnerable también? ¿Qué sentido tendría entonces
esta centralización? ¿No se corre más riesgo? ¿Es esta propuesta realmente a
favor de la democracia?
Entonces queda más claro por qué Oppenheimer
consideró que las declaraciones de Vargas Llosa sobre México y América Latina
eran optimistas. En exceso, diría yo. Publicado el 1 de diciembre de 2013 en El Mosquito
Imagen: Tomada de internet
Iglesia y deseos
La nota que
acaparó los noticieros locales hacia el final de esta semana fue la acusación
hecha contra el sacerdote Arturo Méndez Camacho por presuntos abusos
deshonestos contra dos menores de edad. Este suceso ha causado expectación ya
que Méndez podrá seguir su proceso en libertad, pues el Código Penal del estado
no tipifica esto como delito grave, lo que ha generado indignación en la
comunidad.
Será la
justicia quien determine el resultado del caso, sin embargo, un suceso como
este siempre desata preguntas respecto a los motivos que pueden llevar a una
persona a abusar de un menor de edad. Estaba dando una clase, cuando el tema
que presentaba dio pie a la discusión sobre este suceso; hablábamos de cómo se
confrontan en nosotros las necesidades contra los deseos y cómo una necesidad
no resuelta puede llevarnos al punto de la obsesión o la distorsión.
Comentaba
con mis alumnos que las necesidades son todo aquello que nuestro organismo
requiere en diferentes niveles: físico, emocional, intelectual, espiritual,
etc. Estas necesidades pueden resolverse con diversos satisfactores y es eso lo
que los diferencia de los deseos, que son las necesidades del organismo
convertidas en un capricho de nuestra mente en donde creemos que hay un único
satisfactor: quiero eso y nada más. La cosa se complica cuando por razones
diversas reprimimos nuestras necesidades y entonces la forma de satisfacerlas
comienza a tomar formas insospechadas en nuestra mente, llevándonos a la
obsesión, al enviciamiento o incluso a la aberración.
El pensar
en esto nos remite a la discusión sobre la pertinencia de mantener el celibato
en los sacerdotes católicos y sobre cómo el eliminarlo podría servir para
prevenir los delitos sexuales cometidos por algunos de ellos (sí, esos que no
supieron atender su necesidad adecuadamente y distorsionaron el satisfactor
para ella). El sexo es definitivamente una necesidad orgánica, sin embargo,
además de negarles el derecho a las relaciones sexuales, la postura de algunos
sectores de la Iglesia es que la masturbación es pecado y además, ¡mortal! Esto
pueden comprobarlo en sitios como este donde está publicado el artículo “¿Es un pecado mortal la masturbación? Sí”. Entonces,
¿qué opción tienen los sacerdotes para satisfacer una necesidad presente en su
organismo? Ninguna y eso es precisamente lo que causa problemas, ya que muchos
de ellos probablemente puedan controlar sus impulsos, pero habrá otros que
comiencen a generar fantasías sobre la forma de liberarlos y unos pocos
llegarán al punto de materializar estos pensamientos a través de hechos
lamentables.
En la
discusión sobre el celibato, la posición de la Iglesia ha sido siempre
determinante: es una regla que está lejos, muy lejos de poder siquiera
evaluarse. Simple y sencillamente se mantiene. Las voces en contra de él son
más bien externas, derivadas sobre todo de la mediatización de crímenes
sexuales cometidos por sacerdotes y el duro cuestionamiento hacia las
autoridades eclesiásticas que, en lugar de proteger a las víctimas, generalmente
actuaron para proteger a los agresores, intentando enterrar los hechos y pretendiendo
que no sucedía nada grave. En todo caso, se trataba de reubicarlos y confiar
que no lo volverían a hacer. Y después se muestran preocupados porque están
perdiendo feligreses y se preguntan por qué se van.
Estos casos
nos llevan a analizar cosas profundas referentes a la naturaleza humana y a
preguntarnos cuáles son los límites que podemos y los que no podemos romper.
También nos hacemos preguntas respecto a la forma en la que podríamos encontrar
un equilibrio entre las necesidades y deseos de una sociedad, las de una
institución como la Iglesia Católica y las de los individuos. ¿Será más
importante mantener a ojos cerrados una regla que desde hace siglos ha definido
la labor sacerdotal o será momento de hacer preguntas al respecto? ¿Será más
importante cumplir con una supuesta vocación que cumplir con una necesidad
válida del individuo? ¿Si este no es el momento de discutir estos temas,
entonces cuándo? ¿Qué papel juega la sociedad en todo esto? Estaremos
pendientes del resultado del proceso y
veremos a dónde nos lleva en lo institucional, lo social y lo personal
la reflexión generada alrededor de todo esto.
*Publicado el 24 de noviembre de 2013 en El Mosquito
**Imagen tomada de www.vaticanocatolico.com
Tocar el dolor
Dolor, tristeza, rabia, enojo, resentimiento son todos
sentimientos que nos enseñan a evitar lo más posible y desde niños aprendemos a
negarlos. "No te enojes", "l@s niñ@s que lloran/se enojan se ven
fe@s", "no estés triste", "llorando no resuelves nada"
y toda una serie de frases de repertorio paternal nos incrustaron la creencia
de que estos sentimientos son "negativos", tanto, que lo mejor es
ocultarlos bajo la alfombra y fingir que estamos bien y nada pasó. Qué error tan
grande.
Durante
mis clases y procesos grupales es muy común que en ciertos ejercicios salgan a
flote algunas de estas emociones reprimidas y normalmente son sucesos que,
aunque añejos, causan mucho dolor. Incluso algunos alumnos me llegan a comentar
que les resulta difícil tocar ciertas partes de su pasado, porque remueven
cosas que habían elegido ignorar.
En
esta sociedad de respuestas inmediatas no hay tiempo para perder en
lamentaciones, simple y sencillamente no es productivo. Y si a eso le agregamos
la incomodidad que nos provoca estar cerca de alguien que se encuentra en un
momento de dolor o pena, entonces es claro por qué sentimos ese rechazo casi
casi patológico a las emociones "no alegres", por así decirlo. No nos
enseñan a lidiar sanamente con ello y todo trato con esta clase de emociones se
da a través de la negación. Y si no nos permitimos tocar nuestros propios
dolores, imagínense entonces cuándo vamos a ser capaces de poder ser empáticos
con los de los demás.
Seguido
veo ejemplos de la forma en que solemos escapar de un enfrentamiento cara a
cara con el sentir del otro y para eso como mexicanos nos pintamos solos porque
ante el sufrir ajeno siempre tenemos el chiste adecuado. Piensen en cuántas
veces decimos algo para intentar hacer reír a alguien que llora. Pareciera que
nuestro interés es minimizar el sentimiento presente, es más, hasta lo decimos
abiertamente cuando exclamamos: "no pasa nada". Pero sí pasa y es
sumamente importante aprender a tocar estos sentimientos, empezando con los
nuestros para así poder vivirlos sin miedo junto con otros.
¿Cómo
hacerlo? Al inicio probablemente cueste trabajo, pero lo que hay que hacer es
simple y sencillamente admitir el sentimiento como es en ese momento, recibirlo
sin tratar de ponerle etiquetas o justificarlo, sino dejarlo fluir por un rato
tal cual llegó, reconociendo: "estoy enojad@/triste/frustrad@/etc."
Normalmente, cuando esto pasa y se permite que la emoción fluya, llegará un
momento donde su intensidad bajará y entonces es posible empezar a procesarla: ¿Por
qué me siento así? ¿Qué fue lo que provocó esto?
También
es importante tener en cuenta que el proceso emocional es diferente entre
persona y persona. Por eso no hay que comparar con lo que han vivido otros,
pues solamente el que sufre sabe cuánto, cómo le duele y cómo lidiar con ello.
En clases de desarrollo humano solemos decir: "a mí me duele más mi callo
que tu cáncer", esto porque sencillamente mi dolor es mío, sin importar lo
"grande" o "chico" que sea.
Este
reconocimiento del dolor propio es el primer paso para poder acercarme al otro,
en este mundo en el que realmente estamos necesitados de empatía y comprensión
con el diferente. La división social que vemos diariamente tiene mucho que ver
con nuestra capacidad de comprender y conectar con el sentimiento ajeno, por lo
que es importante que dejemos de negarnos la oportunidad de sentir plenamente,
incluso aquello que hemos aprendido a ocultar.
*Publicado en El Mosquito el 17 de noviembre de 2013
**Imagen tomada de internet
Niño perdido
Suelo ser muy cuidadosa de no reproducir
mensajes de alarma en redes sociales si no los he verificado antes (es una
herencia de mi experiencia como periodista: confirma la información). La gran
mayoría de las ocasiones, las alertas sobre posibles nuevas formas de secuestro
o los niños perdidos son casos que o son falsos o ya fueron resueltos. Incluso
me he encontrado con denuncias que fueron levantadas hace años y el niño o niña
ya apareció. Por eso mismo me conmocionó lo que pasó con el niño Ricardo Ruiz
Sánchez, que desapareció en Querétaro el pasado miércoles 6, por lo que se
emitió la Alerta Amber (un protocolo internacional que se activa en casos de
niños desaparecidos) y gracias a eso fue encontrado, afortunadamente, la
madrugada del jueves 7.
Lo más importante es que el niño está bien,
pero tras el alivio inicial me vino un pánico aún mayor al saber la manera en
la que fue encontrado: acompañado de un adulto –de nombre Héctor Hernández
Rivera-, que lo llevaba en un tren de carga con destino ¡a Veracruz! Lo peor de
todo es que las autoridades no han proporcionado mayor información sobre el
caso. La pregunta que me surge es: ¿para qué quería este señor al niño? Y no
hablo de conjeturas, porque nos podemos hacer telarañas en la cabeza y dar mil
ideas espantosas; yo realmente quisiera saber con qué objetivo este individuo
decidió llevarse al niño, porque eso, para empezar, permitirá poner atención y
rascarle a un problema que puede ser bastante grave como tráfico de personas,
explotación, prostitución y todo lo espeluznante que se puede asociar con estos
temas. Si llevaba el niño para venderlo, la pregunta inicial es: ¿a quién?,
para después indagar con qué fin. Enseguida, y creo que esto sería lo más útil
para la sociedad en general, se debería difundir la forma en la que atrajo al
niño. ¿Qué le dijo? ¿Cómo lo engañó? Tenemos que saber cómo operan esta clase
de personas para seguir haciendo conciencia y prevenir. Los niños deben estar
preparados desde muy pequeños para enfrentarse a situaciones engañosas porque
cada vez son más las amenazas, ya sea en la calle o por internet.
Al pensar en cómo prevenir algo así, dada la tendencia natural de los niños a confiar, se me vino a la mente el video de la campaña “Sweet Trick” (“Engaño dulce”), lanzado por la Unicef para hacer conciencia sobre el riesgo que corren los niños cotidianamente de ser víctimas de algún acto de pedofilia. En él participó un hombre totalmente cubierto de algodón de azúcar (lo cual, por supuesto, impedía ver su cara o saber de qué se trataba) que con solo caminar por en medio de un parque a plena luz del día, se volvió un imán para muchísimos niños que, sin dudarlo ni un poco, se acercaron a tomar un trozo del caramelo. En cierto momento, el hombre-golosina le entregó volantes a los padres de los niños, en los que se leía: “Así de fácil es para un pedófilo atraer a un niño. Estemos alerta”. Los padres, como yo, se quedan en estado de shock, porque ni siquiera ellos desconfiaron de un sujeto de apariencia literalmente tan dulce e inofensiva. Quien quiera verlo (y, por favor, compartirlo), el video se encuentra en el canal de UnicefChile en Youtube con el nombre de “Unicef – Sweet Trick”.
Al pensar en cómo prevenir algo así, dada la tendencia natural de los niños a confiar, se me vino a la mente el video de la campaña “Sweet Trick” (“Engaño dulce”), lanzado por la Unicef para hacer conciencia sobre el riesgo que corren los niños cotidianamente de ser víctimas de algún acto de pedofilia. En él participó un hombre totalmente cubierto de algodón de azúcar (lo cual, por supuesto, impedía ver su cara o saber de qué se trataba) que con solo caminar por en medio de un parque a plena luz del día, se volvió un imán para muchísimos niños que, sin dudarlo ni un poco, se acercaron a tomar un trozo del caramelo. En cierto momento, el hombre-golosina le entregó volantes a los padres de los niños, en los que se leía: “Así de fácil es para un pedófilo atraer a un niño. Estemos alerta”. Los padres, como yo, se quedan en estado de shock, porque ni siquiera ellos desconfiaron de un sujeto de apariencia literalmente tan dulce e inofensiva. Quien quiera verlo (y, por favor, compartirlo), el video se encuentra en el canal de UnicefChile en Youtube con el nombre de “Unicef – Sweet Trick”.
Para el pequeño Ricardo, la Alerta Amber
hizo la diferencia y permitió que fuera devuelto a sus padres antes de salir
incluso del estado. Bien por la ciudadanía, ya que fue una llamada anónima la
que permitió saber que un hombre sospechoso había abordado un tren en Hércules
acompañado de un niño, y bien también por las autoridades, que no desestimaron
la denuncia y actuaron inmediatamente
para alcanzar el tren, que ya se encontraba en el municipio de Pedro Escobedo. Sin embargo, ¿cuántos casos más habrá que no
se solucionan y que se pudieron prevenir con una adecuada información? ¿Cómo
estar preparados?
Espero que pronto salgan a la luz otros
datos que permitan definir qué pasó exactamente, para así tener herramientas
que nos permitan prevenir este tipo de casos y cada vez menos familias deban
enfrentarse a una situación de esta naturaleza, que definitivamente pone los
pelos de punta tan solo de imaginarla.
*Publicado en El Mosquito el 10 de noviembre
**Imagen tomada de internet.
**Imagen tomada de internet.
La generación del milenio
Hace dos semanas les contaba mi impacto por
aquellos papás que están sujetos a los caprichos de sus hijos y su incapacidad
para ponerles límites y decirles que no.
Ayer por la noche, veía un programa de
televisión en el que una “niñera” experta ayudaba a los papás de dos
adolescentes a lidiar con la carga que sus hijos representaban ya que no eran
capaces de hacer una sola tare a en el hogar. Literalmente ninguna. De hecho,
me consternó una escena en la que el hijo (que además no es adolescente, sino
que tiene ¡19 años!) está jugando videojuegos y le pide al papá que por favor
le ponga unos calcetines… ¡y el papá obedece y se los pone! Me quede
boquiabierta. Y la peor parte es cuando entrevistan al hijito mimado y dice:
“esto es culpa de mi papá, él me educó así y ahora es su responsabilidad”.
Cruel, pero tiene razón.
Cuando escuché eso no pude dejar de pensar
en mis alumnos de universidad. Muchos de ellos tienen esa actitud de “tú eres
responsable de bienestar y te corresponde brindármelo a cualquier precio y yo
no tengo por qué hacer nada para ganarme nada porque todo me lo merezco”. En
serio, estos chicos (llamados en inglés “milenials”
o “generación del milenio) salen al mundo con una actitud que parece un tanto
malcriada y retadora, en la que la prioridad son sus necesidades, enseguida sus
necesidades y al final sus necesidades, pero eso sí, sin esfuerzo de por medio.
Son varios los factores que determinan
estas actitudes de los “millenials” (a los cuales, según la agencia OMD,
también pertenezco por un pelito, pues abarca a los nacidos entre 1981 y 1996).
El acceso a la tecnología que ha facilitado su vida es uno de ellos. Otro
factor es el haber nacido en familias menos numerosas, lo que incrementó la
“renta” por niño, por lo que tuvieron mejores opciones en materia económica y
educativa. Son jóvenes preparados académicamente, pero que han tenido que
enfrentarse al actual entorno de crisis mundial en el cual, tener un título no
es suficiente. También han alargado la estancia en casa de sus padres, en
algunos casos hasta los 30 años o más, en parte por la falta de empleos bien
remunerados y en parte por la comodidad que esto implica (porque son algo
aprovechados de unos papás que darían todo por ellos).
Otro aspecto que los determina es su deseo
de llevar una buena vida, no como sus padres que aprecian cualquier trabajo
siempre y cuando esto implique buenos ingresos. Para los millenials es mejor no tener empleo que tener uno que no les guste
(y entonces seguir de lapa en casa de sus papás, mantenidos por ellos).
Una gran inteligencia, su interés por la
moda (de la buena), el acceso y uso familiar de la tecnología y la cultura pop
son rasgos que los definen. Y tienen cosas buenas también, pues tienen una gran
capacidad de adaptación, interés por tomar responsabilidades en sus
organizaciones, gran facilidad para vislumbrar las necesidades del mercado y no
muestran miedo alguno para tomar riesgos, características que según la agencia
Deloitte, deberían ser altamente apreciadas por los grandes corporativos.
Entonces, ¿cómo sacarle provecho a lo bueno
y minimizar las características negativas en los millenials? Enfrentándolos a
retos personales e intelectuales, porque ya mencioné lo mucho que les gustan.
Poniéndoles metas y objetivos, participando con ellos de su interés por una
buena calidad de vida, incentivándolos a involucrarse en actividades colectivas
y, sobre todo, poniéndoles límites claros desde el inicio. Suena fácil, pero no
lo es tanto para la generación anterior, los baby boomers, quienes quisieron evitar a toda costa que sus hijos
sufrieran lo que ellos y por eso los mimaron hasta el cansancio (y en algunos
casos, siguen haciéndolo). Los padres de estos chicos en verdad sufren al poner
responsabilidades en sus hijos y padecen mucho más cuando tienen que hacerles
ver las consecuencias de sus actos. Por eso hay algunos muy acostumbrados a
romper los límites: porque al final nunca les pasa nada. Solo tienen que hacerse
los sufridos un poco y tarde o temprano los padres y maestros cederán.
No quiero caer en el viejo cliché de “todo
tiempo pasado fue mejor”. Creo más bien que debemos adaptarnos a las
características de esta nueva generación y hacer lo posible por sacar a flote
sus cualidades, que son muchas y muy interesantes en un entorno global en el
que su adaptabilidad y su capacidad para tomar retos pueden hacer la
diferencia.
*Publicado el 27 de octubre en El Mosquito
*Publicado el 27 de octubre en El Mosquito
**Imagen tomada de www.altag.net
Tianguista: te envidio
Tengo que
confesarles que tengo severos problemas con los tianguistas y ambulantes. Me da
mucho coraje verlos como personas que se aprovechan de la frase “la unión hace
la fuerza” para evadir las responsabilidades que el resto de los mortales de la
clase media tenemos que cargar, sobre todo aquellas que tienen que ver con “ser
formal”, es decir, pagar impuestos, darle un seguro a los empleados, hacer
trámites de autorizaciones y pagar permisos, etc.
Traigo esto
a la mesa por los recientes sucesos en el centro de Querétaro y en el Mercado
Escobedo, donde se suscitaron algunas peleas entre inspectores y ambulantes a
los que intentaban retirar tras los justos reclamos de los comerciantes
establecidos que ven afectadas sus ventas por los mencionados personajes, que
así tan simple y tan sencillo se colocan en la puerta de cualquier negocio a
hacerle competencia sin los inconvenientes de pagar renta, sueldos o dar
factura, cobijados bajo las alas de las poderosas organizaciones de
“comerciantes” que los usan como moneda de cambio en cada elección para
asegurar su permanencia y poder de negociación. Por eso nadie les hace nada.
No es un
problema nada más de Querétaro, en todos lados es una lucha constante entre el
comercio establecido y los informales (qué chistoso que los respeten tanto y no
les digan “ilegales”, finalmente lo que hacen está fuera de la ley) y el
respeto que les tienen como fuerza electoral es evidente en todos los niveles
de gobierno. Si no, simplemente hay que ver las reformas propuestas en materia
hacendaria en las que no se contempla ninguna medida para recaudar al menos un
poco de este sector. Es más, eliminaron el Impuesto a los Depósitos en Efectivo
(IED), supuestamente creado por el ex presidente Felipe Calderón para poder
gravar de algún modo las ganancias de este grupo (aunque de paso también se
llevaba a algunos otros, claro).
Podrán
decir que los tianguis y puestos ambulantes son necesarios porque ofrecen
opciones baratas para sus compradores. Pero quien haya ido últimamente a
comprarles podrá darse cuenta que la diferencia de precios no es muy alta
respecto a comercios establecidos. Y si han ido al famosísimo y tradicional
tianguis de La Cruz, se darán cuenta de que algunas cosas como ropa y
accesorios están incluso al mismo precio de tiendas de marca con el
inconveniente de que ¡no son cosas de marca!
Y hablando
precisamente de eso, es un tache más que desde mi punto de vista hay que
ponerle a los negocios ambulantes: ofrecen mercancía de muy baja calidad o
“pirata”. Y si tengo problemas con los ambulantes, no se diga con la piratería.
Se me hace el negocio más bajo del mundo tomar el esfuerzo de alguien, copiarlo
y aprovecharte de él sin ningún esfuerzo. Es una falta de respeto incluso a la
propia capacidad; es como decirle al mundo: “soy un inútil, no puedo hacer nada
por mí mismo, soy incapaz de hacer algo propio y necesito robar de otros las
ideas que no puedo generar yo”. Más bajo no se puede caer.
Este abuso
se comete descaradamente a la luz del día, pero pareciera que las autoridades
son ciegas y sordas cuando de mano dura contra los ambulantes se trata.
Poquísimas veces se hacen operativos contra la piratería y cuando se llegan a
hacer, generalmente no hay detenidos, solo mercancía asegurada (¡ja!, como si
les saliera tan caro reponerla, de a peso por “peli”).
Pareciera
que los gobiernos evitan a toda costa las confrontaciones con estos grupos,
porque si lo hacen, se enfrentan a la posibilidad de una respuesta violenta,
como sucedió esta semana. Y peor aún: se enfrentan a la posibilidad de perder
un montón de votos asegurados por los líderes a los que solapan. Por eso los
ambulantes ni se preocupan ni se acongojan, porque siempre hay un lugar para
ellos bajo las alas del poder. Si alguien se queja mucho, los reubican; si no
tienen luz, se las ponen (noten que en los lugares donde normalmente se
instalan les tienen cajas con contactos, ¡vaya cinismo!); si necesitan algo, se
los proporcionan (en Calzada de Belén y en Sombrerete, por ejemplo, les
pusieron bases para que puedan colgar cómodamente sus lonas); les permiten
cerrar calles impunemente, cosa que ninguno de nosotros puede hacer, ¿o sí? Por
eso, más que coraje, les tengo envidia: ojalá el gobierno a mí –o a cualquiera
de nosotros- nos tratara tan bien.
*Publicado el 6 de octubre en El Mosquito
*Publicado el 6 de octubre en El Mosquito
**Imagen tomada de http://amqueretaro.com/2012/11/prefieren-el-tianguis
La maestra y sus policías
Ayer
terminé de dar un curso en el Instituto de Capacitación y Estudios de Seguridad
del Estado, en donde se forman y capacitan los futuros policías de la ciudad.
Vi a una generación de cadetes graduarse (empiezan sus labores el lunes) y
otras tres están en proceso, un poquito más allá de la mitad. Le di clase a un
total de 120 oficiales en formación.
Lo que
puedo decir de esta experiencia es que fue tan sorprendente como satisfactoria.
Lo que me causó sorpresa fue saber las condiciones en las que estudian, los
sacrificios que algunos tienen que hacer para ingresar y después permanecer en
el colegio, las problemáticas tan duras que algunos de ellos han vivido y las
dificultades que enfrentan durante su formación.
La
experiencia de ser cadete es en sí extraordinaria. Para empezar, están
internos, llegan los lunes a primera hora y salen los sábados en la tarde.
Viven, comen y duermen casi toda la semana en el instituto. Su rutina inicia
muy temprano con sus ejercicios y todo el día están en entrenamiento, tanto
físico como académico. Toman clases sobre leyes, reglamentos, desarrollo
humano, manejo de conflictos, derecho, manejo del estrés, redacción, entre
otras y en cuanto al ejercicio tienen acondicionamiento físico, rapel,
intervención, atención de disturbios urbanos, patrullaje en bicicleta, corren a
todas horas, se asolean, madrugan y se duermen muy tarde. Esta extraña
comunidad que se conforma de la noche a
la mañana y que es obligada a convivir, colaborar, participar y compartir con
un montón de extraños sin decirles “agua va”, conforma una experiencia humana
extenuante en todos los aspectos. Por eso, para mí es aún más sorprendente ver
el entusiasmo con que muchos de ellos toman su carrera policial. La disfrutan
en serio; la mayoría tiene una gran vocación de servicio y en general podría
decir que entre mis alumnos y alumnas había muchas buenas personas.
Se me
olvidaba mencionar que me divertí mucho. Debido al enorme estrés en el que
viven día a día, la risa de vuelve una válvula de escape, así que aprovechan
hasta la más pequeña oportunidad para hacer un chiste y sacar a relucir su
sentido del humor. Nunca me había reído tanto en las clases, ni siquiera cuando
era estudiante.
Al
Instituto aplican una gran diversidad de personas, así que hay de todo: muy
jóvenes y no tanto, solteros y casados, con hijos y sin ellos, gente de
diferentes ciudades, algunos con experiencia en algún tipo de corporación
policiaca y otros muy novatos, lo cual vuelve el proceso aún más enriquecedor
para todos, alumnos y maestros. Sin embargo, a pesar de tanta diversidad, la
gran mayoría coincide en una cosa: que la parte más difícil de su formación es
separarse de su familia.
También
pude darme cuenta de que tenía muchos prejuicios al respecto de los policías y
honestamente muchas de estas creencias cambiaron al conocerlos porque muchos de
ellos lo están apostando todo para poder convertirse en elementos en activo y
este paso tiene un gran significado en sus vidas porque en él tienen fincadas
sus esperanzas de superación personal y de ofrecerle a sus familias una vida
mejor. Y no miento cuando digo que muchos de ellos en verdad lo necesitan
porque están en situaciones muy complicadas.
Para mí fue
muy satisfactorio contribuir un poquito con este proceso; decidí tomar la
oportunidad que se me ofrecía porque para mí es una manera de formar parte de
la solución a un problema del cual muchos nos quejamos. Participar en la
formación de un policía (o bueno, de muchos) es una responsabilidad enorme,
pero creo que vale la pena si con eso podemos ayudarlos a mantener ese buen
corazón y las buenas intenciones que en primera instancia los impulsaron a
inscribirse en el curso de formación.
Esta es una
de las experiencias más satisfactorias que he tenido en mi vida laboral y no
exagero cuando digo que pocas veces me había sentido tan útil dentro de un
trabajo. Definitivamente sería genial volver a tener la oportunidad de
colaborar con ellos, así sentiré que aporto un poquito a generar ese ambiente
seguro que todos queremos tener en Querétaro.
*Publicado en El Mosquito el 29 de septiembre
Conmigo o contra mí
Recientemente
mi muro de Facebook fue campo de batalla para dos personas con opiniones muy
opuestas respecto al conflicto magisterial. Se agredieron, se amenazaron, se
insultaron, todo porque uno opina que los maestros están en su derecho de
manifestarse y exigir sus demandas y el otro opina que no, que los deberían
mover a la fuerza (como finalmente pasó).
Todo surgió
porque puse una foto de un manifestante colombiano que compartía su comida con
uno de los policías que resguardaba la protesta. Sucede que precisamente de eso
se trataba mi publicación: de que no debería haber lugar para el odio entre dos
compatriotas (y más allá, entre dos seres humanos), y mucho menos que exista
por ideologías políticas. Es absurdo, pero pasa y tan pasa que estamos viviendo
esa polarización en las redes sociales como el pan nuestro de cada día.
Basta ver
el “timeline” de comentarios y tratándose de ideologías políticas abundan los
chistes, memes, agresiones directas e insultos de unos hacia otros. Rojos,
amarillos, verdes, azules y de cualquier color. E incluso si no tienes color
también te toca porque eres un desinteresado y te vale.
Lo peor, es
que muchas veces ya no se manejan argumentos lógicos y racionales. En muchos
casos son generalizaciones, insultos, supuestos y falacias, y ya caímos en el
“estás conmigo o contra mí”, lo cual ha cerrado completamente la puerta al
diálogo.
Pareciera
que ahora es “agrede al que piensa diferente, es el enemigo y hay que
aniquilarlo”, pero es tristísimo que fuera de esas supuestas diferencias
tenemos muchísimas más cosas en común. Y lo peor es saber que precisamente
estos desencuentros se podrían resolver si como sociedad tuviéramos la
capacidad de escuchar lo que el otro intenta decirnos.
No se trata
de no tener diferencias nunca. La discusión de los temas que causan controversia
es enriquecedora, siempre y cuando se mantenga en los términos de la
argumentación que, por supuesto, no incluye insultos (¡jamás!), ni amenazas, ni
descalificaciones a priori. Ya bastante tenemos con las medidas que se están
tomando políticamente y que nos afectarán directamente como para además vivir
en medio de agresiones, con enconos y rencores.
Se vienen
tiempos de incertidumbre y lo peor que nos puede pasar es que nos agarren
peleados unos con otros, desunidos.
¿Y saben
qué? Creo que precisamente eso es lo que están esperando los “tomadores de
decisiones”: que estemos tan ocupados peleándonos entre nosotros que no nos
quede tiempo para poner atención a lo que ellos están haciendo allá en lo
oscurito. Y cuando menos lo pensemos, nos va a llevar parejo, ahí sí, sin
distinción. Me da coraje tan solo pensarlo.
No se me
ocurre ninguna forma de cambiar esto. La verdad es que ya son muy pocos los que
están atentos y casi nadie está dispuesto a escuchar. Parece que en defender
sus ideales se les va la vida y que el simple hecho de permitirse poner
atención al argumento del otro es como si cometieran alta traición. Pero uno no
traiciona sus creencias cuando se permite abrir la mente al argumento del otro.
Es más, no hay acción más noble y que otorgue más grandeza. Es una lástima que
no nos demos esa oportunidad y que en ese afán de convencer al otro de que
piense como yo se nos está escapando la oportunidad de vivir ese respeto que
estamos exigiendo a gritos.
SOBRE
LLUVIAS Y DONACIONES
Como si no
fuera suficiente todo lo que ha venido pasando en el país en las últimas
semanas, “Manuel” e “Ingrid” arrasaron por el Golfo y el Pacífico con las
costas del país.
Y como
siempre, la mayor capacidad de respuesta en casos de desastre no estuvo en el
Gobierno, sino en la sociedad, que rápidamente se puso de acuerdo para enviar
ayuda a las comunidades más remotas.
Un buen tip
que me pasaron por Facebook es que si vas a cooperar con víveres como latas,
sobres, botellas, etc., los marques con plumón indeleble y pongas leyendas como
“DONACIÓN”, “Estamos con ustedes”, “No es para su venta”, etc.; esto con el fin
de evitar que haya desvíos y lucro con los apoyos como sucedió en 1997 con el
huracán Paulina y como ha sucedido en muchos otros desastres. Se los paso al
costo; la verdad, yo creo que vale la pena.
**Publicado el 22 de septiembre en El Mosquito
*Imagen tomada de www.caracol.com.co
*Imagen tomada de www.caracol.com.co
Se nos vino la noche
Se hizo
realidad la pesadilla en la que volvían a nuestra mente palabras como
“déficit”, “desaceleración” y carga tributaria. Estamos viendo el regreso de
aquellas viejas prácticas en las que el gobierno, incapaz de administrarse
adecuadamente, pone la carga de su manutención sobre los hombros de la clase
media cautiva a través de la nueva reforma hacendaria.
Esta
iniciativa fue entregada este domingo al Congreso por el presidente Enrique
Peña Nieto y lo que inicialmente llamó la atención fue que en ella no se
contemplaba gravar con IVA alimentos y medicinas, como se esperaba según los
augurios de diversos analistas económicos. Hasta aquí todo era sorpresa y
júbilo por la sensibilidad mostrada por el Ejecutivo hacia la ciudadanía y sus
dificultades en el entorno actual.
Sin
embargo, en su discurso triunfal de hace una semana el presidente Peña
inteligentemente omitió la explicación sobre todo aquello que sí será sujeto de
impuestos y dejó esta responsabilidad sobre su Secretario de Hacienda, Luis
Videgaray. Y ahí fue cuando se nos vino la noche.
Una vez
pasada la euforia inicial, el análisis más profundo nos reveló cosas que
parecen casi macabras: se gravarán las colegiaturas, los conciertos, los refrescos,
las utilidades, el alimento para mascotas y hasta los chicles.
Ponerle
impuesto especial a los refrescos y bebidas azucaradas me parece maravilloso en
un país donde la gente bebe cola como agua de uso y donde la obesidad y la
diabetes son las principales causas de muerte. Punto a favor.
No
obstante, ponerle impuestos a las colegiaturas me parece hacerse un “harakiri”,
puesto que está comprobado que la universidad es el principal motor de la
movilidad social. Me explico: si alguien pertenece a la clase baja, pero tiene
acceso a la educación universitaria, aumentan drásticamente sus posibilidades
de subir un peldaño hacia la clase media (o más). Y sucede lo mismo con
aquellos de clase media, que con estudios superiores tienen más facilidades
para acceder a la clase alta. Por eso, ponerle un impuesto a la educación
privada es una señal de falta de interés en el desarrollo, así de simple. Es
quitarle a un 70 por ciento de los jóvenes el derecho de acceder a una
educación de calidad que, por cierto, el Estado les debería proporcionar. Si las
universidades públicas solo pueden atender un 30 por ciento de la demanda,
¿quién se hará cargo de aquellos que no puedan absorber el costo extra que este
impuesto implicará?, ¿quién garantizará su derecho a la educación?
Curiosamente
el Congreso decidió discutir (y aprobar) esta iniciativa el martes por la
noche, justo a la hora en que se transmitía el partido de la Selección Mexicana
contra la de Estados Unidos. Dicen que no hay que sospechar, pero, ¿no les
suena un poco raro? ¡Es una extraña coincidencia!
Esta
brevedad de tiempos –la reforma se presentó el domingo y pasó ¡el martes!- dejó
a todos fuera de balance. No hemos terminado de entender de qué se trata y cómo
se va a distribuir la nueva carga tributaria, cuando ya la tenemos encima. Por
eso han surgido voces exigiendo un análisis más a detalle antes de que el
Senado la apruebe y entonces sí ya no haya marcha atrás. No sé si haya mucho
que podamos hacer, pero sí podemos dejarle claro a nuestros representantes que
no queremos que aprueben nada que no nos hayan consultado a nosotros, no solo
lo que acordaron con sus partidos, por mucho que se trate de un pacto. Se deben
primero a nosotros. Y también debemos cumplir con nuestro deber, primero,
informándonos. Pero por favor, no solo en los noticieros, hay que leer
periódicos, escuchar la radio, averiguar en internet, seguir a nuestros
gobernantes en redes sociales y participar, asistir a foros (y hasta
organizarlos), dar seguimiento a las sesiones de las Cámaras y compartir la
información con nuestros familiares y amigos.
Suena
utópico, pero si no es así, ¿cómo? ¿Cuándo será un buen momento para comenzar?
¿Hasta cuándo vamos a permitir que sigan pasándonos la aplanadora fiscal por
encima sin decir ni hacer nada?
Que ya no
se equivoquen. Creen que gobernar a su modo les será igual de fácil que antes,
sin tomar opinión, unilateralmente, valiéndose de la masa para hacer y deshacer
sin que nadie les plante cara. Pero aquí estamos, y no nos vamos a dejar,
¿verdad?
*Publicado en El Mosquito el 15 de septiembre de 2013.
**Imagen tomada de www.pulsociudadano.com
Como perder en propia cancha
Muy triste
lo que pasó el viernes. No necesitábamos otra señal de fracaso, de que entonces
no se puede y no hay para dónde hacerse, pero perdió la Selección y yendo más
allá del asunto meramente superficial, la verdad sí creo que necesitábamos algo
que nos diera aunque fuera un gustito ante tanta división y encono, ante un mar
de opiniones divididas en un sinfín de temas que no acabamos de comprender pero
que discutimos como quien defiende la vida. Ante ese desgaste hacía falta algo
que nos hiciera sentir tantito alivio. Pero no se pudo y ahora todo se ve
lluvioso y gris (también literalmente) y para colmo de males este fin de
semana, además, hubo “gasolinazo”. Total que ya nos cansamos de recibir goles y
nomás no anotar. Esto es precisamente como perder un partido ante Honduras en
el Azteca: indignante, doloroso, frustrante y generador de mucha impotencia,
porque así como no podemos rifárnosla y meternos a jugar a la cancha en lugar
de cualquiera de esos 11 troncos, tampoco podemos meternos al juego donde se toman
las decisiones que nos afectan y nos afectarán, porque lo peor está por venir.
Ya se
aprobó en “fast track” la reforma educativa, causa de la inconformidad de los
miles de maestros de la CNTE que tienen loco al D.F. y que está generando ya
escaladas de violencia hasta ahora verbal en redes sociales donde parece ser
que hay dos bandos: los ciudadanos afectados (o no) por los manifestantes y los
que defienden el movimiento magisterial. Unos a otros se acusan de
intolerantes, de vende patrias, de irracionales. Y mientras tanto el presidente se placea en
Rusia, haciendo alarde de las reformas que ya da por hechas ante el G20 (¿será
que ya las negoció? Naaaaaaaaaah, ¿cómo creen?).
Se vienen
las reformas energética y financiera… Se prevé un aumento del IVA y la adición
de este impuesto a los alimentos y las medicinas. Coparmex, muy amablemente, ya
salió a querer plancharle el camino a esta iniciativa, incluso presentándola
como su “propuesta”. Ah, pero que sí “porfitas” a los empresarios les quiten el
IETU.
Ciertamente
tanta incertidumbre se nota. Ante un panorama de reformas que pueden provocar
reacciones diversas y escabrosas en tantos aspectos no debería extrañarnos que en
los últimos ocho meses hayan bajado algunos de los indicadores más importantes
de la economía: la expectativa de crecimiento del PIB, la generación de empleos
y la inversión en “infrachstuchchur”, como dirían por ahí. El primer semestre
de 2013 fue desastroso en cuanto a resultados… ¡y falta lo peor!
No lo digo
porque quiera ser ave de mal agüero, sino porque todo cambio necesita su tiempo
de ajustes, pero ahorita el horno no está para bollos. Si así se pusieron las
cosas con una reforma que afectó únicamente a un sector que decidió salir a las
calles para exigir ser escuchado, ¿qué va a pasar cuando la gente se dé cuenta
de la magnitud de lo que está discutiéndose ya en calidad de casi aprobado?
¿Cuando se entere, por ejemplo, que la reforma financiera permitirá el arraigo
del deudor? (O sea, que si le debes a un banco, y éste teme que no le pagues,
puede pedir que te arraiguen en tu casa hasta que cubras la deuda). ¿Qué harán
si efectivamente aplican impuesto sobre los alimentos y las medicinas? ¿Qué
nuevos bandos de detractores y seguidores se conformarán? ¿Cómo y en qué tono
defenderán sus ideas?
Ya ni
siquiera hay espacio para el diálogo. Me preocupa que hasta el futbol sea motivo
de división. Unos molestos con el seleccionado nacional, otros molestos con los
que hablan de futbol que porque no ponen atención a lo verdaderamente importante,
otros más molestos con todos. Y mientras nosotros no nos ponemos de acuerdo, el
Ejecutivo y el Legislativo parecen estar más unidos que nunca. Total, que el
pueblo siga haciéndose pedazos.
Aprendieron
muy bien aquella máxima que dice: divide y vencerás. Por eso hoy estamos
vencidos por un adversario que con poco menos que nada se lleva el triunfo con
un nada honroso 2 a 1… y en nuestra propia cancha. Si el vestidor sigue sin
ponerse de acuerdo, el director técnico es lo de menos. Finalmente en este
juego quienes mandan son la Asamblea de Dueños y la Federación y lo que a ellos
les importa es ganar dinero a costa de los que están en el campo, ganen o
pierdan. Y ya vimos que nos está tocando perder.
**Publicado el 8 de septiembre en El Mosquito
Puras fallas
Tres cosas interesantes nos ocupan esta
semana: La torcida de brazo de las autoridades estatales en cuanto al programa
RedQ, la posible demolición del retorno en Universidad y Tecnológico y el
cambio de sede y fecha del mensaje con motivo del primer informe de gobierno
del presidente Peña Nieto. Puras fallas.
Sobre el primer asunto: A mi parecer, salen
ganando los choferes y concesionarios, con la ayuda de los usuarios. Los
primeros no tuvieron que hacer mayor cosa y las autoridades ya dieron su brazo
a torcer por la asistencia de 100 personas a manifestarse en Constituyentes. Es
algo así como el 1 % de la población en el municipio, pero lograron que se
restablecieran 13 rutas para beneplácito de los choferes que siguen sintiéndose
intocables y que bajo ese argumento de que son indispensables seguirán haciendo
de las suyas sin que nadie los obligue a ofrecer un mejor servicio. Seguirán
cubriendo sus rutas de siempre como siempre.
Nada cambió y entonces queda comprobado el dicho “más vale malo por
conocido que bueno por conocer”. Ni una semana de oportunidad tuvo el sistema
para funcionar debidamente (con el pequeño impulso del boicot de los
conductores, claro, que no permitieron que funcionara como se suponía que lo
haría). Ni modo, se quedó en una buena intención.
Ahora, hablando del reto lanzado en twitter
por el ex alcalde Francisco Domínguez a la Comisión Nacional del Agua (Conagua)
con el tono de “demuelan el puente, a ver qué dice la gente”, debo decir que me
parece la peor muestra del charrismo mexicano. Resulta que en su gestión,
Pancho construyó el retorno sobre Av. Universidad y Tecnológico afectando el
cauce del Río Querétaro ¡sin haber pedido el visto bueno de la Comisión! Es algo así como “hago esta obra por mis
pistolas, al fin que sí se necesita y ya después a ver si se atreven a quitarle
el juguete al niño”. Y que sí se atreven… o eso amenazan. Lo que sí creo es que
debe haber alternativas de remediación y no debe entrarse en un juego de a ver
quién puede más, el retorno ya está hecho y a menos que de verdad su
permanencia implique un enorme riesgo a la población, yo supongo que debe haber
formas de quedarse con él y no echar literalmente a la basura los 8 millones de
pesos que costó. A ver si el presidente municipal Roberto Loyola se atreve a
defender una obra hecha en la administración anterior.
Ya casi acabando y en temas nacionales,
estoy sinceramente preocupada por las señales que manda el presidente Peña al
cambiar de fecha y hora el mensaje que normalmente los ejecutivos suelen dar
tras la entrega de su informe de gobierno (ceremonia, por cierto, innecesaria).
Definitivamente se esperaba que el domingo fuera un día difícil. El gobierno
capitalino suplicó cancelar los partidos de primera división que habría ese día
en el D.F. argumentando que esperaba fuertes movilizaciones y no habría
suficientes policías para controlarlas. Miedo total. Mis amigos defeños
empezaron a decirse: “si no tienes a qué salir el domingo, ni salgas”. Se
esperaba que se pusiera rudo. Con el cambio del mensaje al lunes 2 a las 10
a.m. en Los Pinos, Peña demuestra que también la veía venir. Contrario a su
estilo, preferirá un lugar más modesto y pequeño (cambió el salón de 5 mil
personas en Campo Marte por uno de mil 500 en Los Pinos), lo cual ya nos habla
de que en verdad esperaban algo choncho y mejor ahí la dejaron y lo mandaron a
su propia residencia a vanagloriarse casi casi que en privado, porque además,
seamos honestos, ¿quién va a ver el mensaje televisado a las 10 de la mañana de
un lunes? Todavía no sé bien cómo interpretarlo y creo que necesito que se
llegue el momento para ver cómo se cierra el asunto.
Y ya como pilón, porque de esto no hablé
inicialmente, está el asunto de Tonatiuh Salinas y su llegada a la dirigencia
estatal del PRI. Muchos nos quedamos con cara de “¿what?”, ‘ora sí que, como
dicen, “ni al caso”. A mi parecer, Tona
es mucha pieza para un puesto tan chiquitito. Le viene guango. Eso creo que
genera dos expectativas: o hay un plan maestro detrás de todo esto y nos van a
dar una sorpresa con alguna estrategia espectacular que escapa de nuestro
entendimiento o simple y sencillamente la idea es poco a poco sacarlo de
escena. Ya veremos, dijo el ciego.
*Publicado el 1o de septiembre en El Mosquito
**Imagen tomada de internet
Gritos al aire
Últimamente
las redes sociales han estado efervescentes en actividad debido a ciertas
discusiones de temas
Muchas de
las manifestaciones tienen que ver con un amplio descontento –y con razón- por
todos estos temas. Intentos de tratar de inclinar la balanza de la opinión
hacia un lado o el otro. Veo mucha gente que “postea” su descontento a más no
poder, alegan, se enojan, despotrican, lo cual es muy válido, pero siempre
termino preguntándome ¿y para qué?
Siempre
estaré a favor de que la gente participe, pero siempre debemos pensar dónde y
cómo. Un tuit al aire no va a impactar en ningún lado –salvo que seas un tuitstar, tal vez-, y generalmente se
queda única y exclusivamente en un desahogo virtual.
Entonces,
¿qué hacemos?, ¿nos callamos? Claro que no. Lo primero que hay que hacer es informarnos. Y hacerlo debidamente,
porque las notas de Facebook y Twitter no son siempre fiables. De hecho, ayer
corría el rumor de que Raúl Salinas había sido convocado al equipo de trabajo
del presidente Enrique Peña Nieto como coordinador de la Reforma Energética.
Falsísimo, pero a pesar de eso vi la nota replicada por portales de periódicos
“serios”, locales y nacionales. Hay que confirmar y hay que alimentarnos de
fuentes diversas. Escuchar un noticiero, leer un par de periódicos, elegir dos
o tres columnistas favoritos, seguir en Twitter y Facebook a personajes y
líderes de opinión relevantes. Así nuestra opinión se armará más bien como un
rompecabezas donde nosotros haremos encajar las piezas y no recibiendo una
única información de una sola fuente (lo que podría hacernos caer en errores y
falacias).
¿Qué más
hacemos? Manifiéstate en los foros adecuados. Si haces un comentario en tu
muro, taggea a los involucrados.
Busca foros de participación ciudadana (hay muchos), involúcrate. Investiga
quién es tu diputado y quién tu senador y síguelos en redes sociales (casi
todos tienen), así que te enterarás de primera mano qué piensa aprobar, qué
opina, qué temas está empujando y qué temas no. Escríbele. Sus correos están
disponibles en las respectivas páginas de internet del Senado y de la Cámara de
Diputados. No lances tus gritos al aire: envíaselos a quien los tiene que
escuchar. De nada sirve hacer bilis frente a la computadora si no tomamos una
verdadera acción.
Cuando
alguien hace esta clase de comentarios, de inmediato surgen las voces que
dicen: “pero, ¿pa’ qué?, si de todos modos nunca pasa nada”. El gran problema
es que caigamos en la desesperanza. Es precisamente ese determinismo el que nos
tiene en esta situación; pensar que hagamos lo que hagamos no cambiará nada nos
lleva a la apatía y siendo muy sinceros es una forma muy cómoda de
desentendernos de nuestra propia responsabilidad de decidir en nuestras vidas:
“al fin que ya pa’ qué”, “pues de todos modos el gobierno no hace nada”, bueno,
pero ¿y tú?, ¿qué estás haciendo?, ¿qué estamos haciendo?
Estoy de
acuerdo en que ya estuvo bueno de que nos estén complicando la vida. De que
hagan leyes que solo convienen a sus intereses y que ignoren por completo la
realidad de su país. Que haya funcionarios que crean que con 6 mil pesos
alcanza para vivir. Que sea más complicado vivir honestamente que en la
ilegalidad. Una de las máximas de Einstein era que el principio más grande de
locura es querer obtener resultados diferentes haciendo lo mismo. Dejemos de
hacer lo mismo, ya vimos que no funcionó. Hay que atrevernos a cosas
diferentes, hay que proponer e idear. Hay que hacer pequeñas comunidades de
gente dispuesta a hacer cambios de verdad. ¿Qué se te ocurre?
En Querétaro
ya hay grupos de intercambio justo, de trueque, de deportistas, de enseñanzas
diversas, de apoyo emocional, de animalistas, de músicos, de sustentabilidad y
educación en materia de medio ambiente. En Facebook ya hay personas organizadas
y organizándose para cambiar viejos patrones a través de nuevos esquemas de
cooperación. Buscándole, es muy sencillo encontrar uno donde podamos encajar y
empezar a hacer la diferencia más grande: una diferencia en nosotros mismos.
*Publicada originalmente en El Mosquito, agosto 2013
**Imagen tomada de http://lamediahostia.blogspot.mx/2011/02/los-nuevos-activistas.html
*Publicada originalmente en El Mosquito, agosto 2013
**Imagen tomada de
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











